¿Qué importancia tienen los testimonios en la percepción de los hechos históricos de un país?
Bien dicen que la historia la escriben los vencedores, esta frase podría ser la manera perfecta de dar una justificación a los errores que suele haber en la idea que se tiene sobre hechos ocurridos anteriormente y que solamente se pueden conocer a través de los testimonios que dejaron quienes supuestamente estuvieron ahí. Villoro (1992) lo describe como la total disposición de nuestra creencia hacia lo que nos cuenta el testigo, el conocedor; dependemos de su veracidad y capacidad para describir los hechos tal y como ocurrieron.
Como se puede ver, el conocimiento histórico depende en gran medida de los testimonios, precisamente por ello éstos se convierten en una de las fuentes principales de investigación. Sin embargo, también implica un riesgo, pues como Schaff (1974) lo explica, aun cuando se puede hallar un conocimiento amplio, profundo e ilustrado por la experiencia, también hay algunos hechos irreales, restringidos, mal ilustrados y confusos.
Si aquel que narra los hechos, el testigo, no se da cuenta de la importancia que pueden tener sus aportaciones, podría estar modificando no únicamente la percepción que se tiene sobre aquello que ya paso, sino que incluso podría cambiar la imagen del país, caer en la trampa de las mentiras históricas y obtener de ello una nación irreal, sin su esencia original.
Pues es a partir de nuestro interés y memoria como seleccionamos incidentes del mundo que nos han sido narrados y les damos un sentido, “llevamos a cabo una “composición” que signifique y resignifique esa experiencia” (Pimentel, 1998, p. 7). Aunque aparentemente los sucesos que estamos recién comprendiendo ya hayan ocurrido, la historia futura también depende de ellos y de la manera en que fueron interpretados.