El viaje de 2.897 millas cruzando el Océano Atlántico fue toda una prueba de gran valor, de tenacidad y determinación de parte de su capitán, Richard Roberts, teniente de la armada real.
Durante los primeros días de 1838, los hombres de Europa y America estaban inquietos por la rivalidad de dos barcos que se terminarían de construir, en los astilleros ingleses, para competir en una carrera transatlántica. Los barcos eran el Great Western y el British Queen.
Para esa época varios otros barcos habían usado el vapor para realizar viajes de cierta extensión, pero los científicos ridiculizaban la idea de que el vapor pudiese ser la fuente exclusiva de la energía para realizar viajes de larga duración.
Sin embargo, el destino había decidido que ninguno de aquellos dos barcos pudiese ser el primero en cruzar el Océano Atlántico usando la energía del vapor como impulso único. El Great Western ya estaba casi listo para partir, y la maquinaria del British Queen sufrió un desperfecto a última hora. La compañía encargada de su construcción, empeñada en ganar a su rival a cualquier costo, reemplazo el British Queen por el Sirius. Este era un vapor pequeño costanero de ruedas. Comparándolo con el Great Western era un enano de 412 toneladas. Su tripulación constaba tan solo de 38 hombres, y la cantidad de pasajeros no superaba los cuarenta. Todos juntos no hubiesen llenado un bote de salvamento del Queen Mary.
Zarpo el Sirius el 4 de abril de 1838, desde Passage West, y miles de personas lo despidieron, desde las dos orillas, con grandes gritos de éxito en la travesía. El viaje de 2897 millas cruzando el Océano Atlántico fue toda una prueba de gran valor, de tenacidad y determinación de parte de su capitán, Richard Roberts, teniente de la armada real.
Once huracanes y muchas marejadas de proa golpearon al Sirius durante los 18 días de su viaje, a lo que habría que agregar la escasez de carbón. Casi toda la resina, la cual era parte de su cargamento, fue destinada al fuego y su capitán estaba decidido a hacer lo mismo con los muebles y también algunos de los mástiles. En mas de alguna oportunidad la tripulación estuvo a segundos de amotinarse, mientras que los pasajeros le pedían que diera la vuelta y regresara.
Mas, a las diez de la noche del 22 de abril, el Sirius llego a la bahía de Nueva York. Lo hizo 11 horas antes de la llegada del Great Western, cuyo capitán asistió al banquete que ofreció el alcalde de la ciudad homenajeando al teniente Richard Roberts.
El Herald de Nueva York comento que la emoción del día lunes creció enormemente con la llegada del Great Western. Sin embargo, el Sirius, fue el gran vencedor y de el es toda la gloria.
Y así, el pequeño vapor paso a la historia como el primero en cruzar el Océano Atlántico, y mientras los barcos sigan cruzando las olas de este inmenso mar, honraran su nombre y su admirable hazaña.
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