A pesar de haber sido escrita hace más de 60 años, demuestra lo poco que hemos avanzado como hombres que comparten un futuro común.
En la Feria Mundial de Nueva York, en la década de los años cuarenta, Albert Einstein, dirigió una carta a los hombres del año 6000.
Todas estas ideas, así como sus esperanzas, a pesar de haber sido escritas hace mas de sesenta años, demuestra lo poco que hemos avanzado como hombres que comparten un futuro común.
Esta carta fue colocada en una cápsula metálica la cual se enterró durante una ceremonia, en esa ocasión, y resumió de esta manera el espíritu de la edad moderna.
A. Einstein, dice en ese mensaje, que es rica nuestra época en cerebros ingeniosos cuyos inventos pueden facilitarnos la vida en forma considerable.
Usamos la fuerza mecánica tanto para cruzar los mares como para dar alivio al hombre del difícil y fatigante esfuerzo muscular.
Aprendimos a volar y a enviar mensajes y noticias a todo el mundo por medio de las vibraciones eléctricas.
Pero aparte de esto, la producción y distribución de bienes de consumo están totalmente desorganizadas, de manera que vivimos todos bajo la amenaza de vernos borrados del ciclo económico.
Los hombres que habitan en diferentes países se matan unos a otros a intervalos de tiempo regulares, por lo cual todo el que piense en el porvenir vive con miedo.
Esta circunstancia se debe a que la inteligencia y el carácter de los pueblos son incomparablemente menores que los de aquellos pocos capaces de producir algo útil para los demás habitantes de la comunidad.
Tengo la gran esperanza de que las generaciones futuras, leyendo estas descripciones, tendrán una justificada sensación de superioridad.
Lo único que resta esperar es que esa carta llegue a ser leída por aquellos lejanos hombres.