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El café

Cuando logró aclimatarse en las Antillas produjo frutos en abundancia, y muy pronto el cultivo del café se propagó por toda la América Central y Meridional.

Esta bebida, que fue preparada por vez primera de granos silvestres en Arabia, se introdujo en Europa a principios del siglo XVII. William Penn compró café en Nueva York en 1683.

Fuente

Poco después los comerciantes holandeses empezaron el cultivo en lo que se llamaban las Indias Orientales, y el comercio del grano en Norteamérica hicieron de la palabra “Java” un sinónimo de “café”, la que aun se utiliza en el idioma ingles.

Luego un oficial, también holandés, regaló una planta de café al joven Luis XIV, rey de Francia, y este obsequio estaba destinado a causar una revolución en la situación económica del mundo. En el interior de un invernadero de Paris se efectuó con éxito la multiplicación del cafeto, y en 1720 fueron enviados algunos ejemplares jóvenes a la isla antillana de Martinica. Sobrevivió una sola de ellas la tempestuosa y prolongada travesía. Para que ésta se mantuviera, el capitán regábala con una porción del agua que tenía para su consumo.

Cuando logró aclimatarse en las Antillas produjo frutos en abundancia, y muy pronto el cultivo del café se propagó por toda la América Central y Meridional.

En ese tiempo, en las colonias Norteamericanas era el té mucho más barato y asequible que el café. Por eso el consumo del té era masivo, hasta que en 1773, el famoso “Boston Tea Party”, nombre también dado al grupo de ciudadanos de Boston que el 16 de diciembre de 1773, en protesta contra la importación de té, gravado con elevadísimos impuestos, subieron disfrazados de indios a bordo de tres barcos que acababan de llegar y lanzaron al mar todo el té que había allí, dio comienzo a un boicoteo tan organizado que en el transcurso de toda una generación en los Estados Unidos se le tenia desconfianza de su lealtad a toda persona que tomara té. Y, lógicamente, el café, se convirtió en la bebida de los patriotas,  que al cabo de unas pocas décadas era la base de un floreciente comercio de todo el hemisferio occidental.

Desde aquí el consumo de café aumento en todo el mundo con la prosperidad próxima de la Revolución Industrial, y los campesinos cultivadores de Latinoamérica agrandaron sus cafetales de una manera irracional. Mas, en 1930 se dieron cuenta de que producían mucho mas de dos veces el café que podía consumir el mundo, que a su vez, se sumergía en una devastadora crisis económica.

Brasil, uno de los exportadores más grandes, comenzó a quemar las plantaciones de café y a reemplazarlos por algodón. En el transcurso de diez años se quemaron 1.000 millones de cafetos, pero a pesar de esto continuaba el negocio, claro que a unos precios irrisorios.

Durante la Segunda Guerra Mundial se solía servir café entre las comidas normales en el ejército, y en miles de fábricas y oficinas de Estado Unidos. Las personas adquirieron el hábito del café.

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One Response to “El café”

  1. celegiqui dice:

    Una historia apasionante. Hay un café al que no puedo renunciar: el que me tomo en el recreo entre las clases en la facultad. ¡Qué placer! Lo espero media hora antes de que termine la primera clase y sólo pienso en eso. Creo que vale la pena ir a la facultad para tomarme ese café.

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