Muchos parientes se abandonaron, así como padres a hijos o esposos a esposas, y hasta los religiosos se negaron, en muchas ocasiones, a administrar las últimas atenciones a los moribundos.
Hace más de setecientos años ocurrió una catástrofe que azoto a la humanidad y que no ha tenido comparación a lo largo de toda la historia: la Peste Negra. Recorrió todos los rincones del mundo conocido, abarcando desde China e India hasta las lejanas costas de Islandia y Groenlandia. Lo más probable es que muriera, en esas circunstancias, más de la mitad de la población mundial. Soportando rápida y espantosamente dolorosa su evolución. Proporcionalmente, la Peste Negra, causo más victimas en toda Europa, que la bomba atómica en Hiroshima.
Un día de enero de 1348 llegaban a la bahía de Genova tres barcos cargados con especias procedentes de Oriente. La mayoría de los marinos bajaron a tierra, pero con ellos también bajaron, un gran número de ratas, que escabulléndose por los cables y cuerdas de las naves, fueron también a mezclarse con sus pares de la ciudad. Algunos días después las personas comenzaron a notar que en sus calles aparecían, a diario, un elevado numero de ratas muertas. Pero nadie, por lo pronto, se preocupo de este hecho. Las calles de esas ciudades medievales estaban siempre llenas de basuras; los cerdos se revolcaban en el barro de esas vías sin pavimentar y tanto ellos como las ratas consumían las inmundicias medio descompuestas lanzadas por sus habitantes desde las diferentes habitaciones.
Al interior de las casas se criaban, por sus condiciones de poco aseo, un gran numero de insectos dañinos o alimañas horribles para la salud humana. Muchas personas dormían en un solo cuarto, y las disposiciones sanitarias eran demasiado primitivas al interior de las viviendas. El baño no era una costumbre, y la ropa interior, principalmente de lana, no se lavaba hasta que el calor ambiente los obligaba a suspender su uso. Por lo tanto no existía persona que estuviera libre de las pulgas, insectos que vivían, placenteramente, en el pelaje de las ratas.
Solo nos podemos imaginar lo que le pasaría a la primera persona victima de la Peste Negra. Es muy probable que despertara con un fuerte dolor de cabeza. Después pudo haberle sobrevenido un acceso de escalofrío y pérdida de la conciencia. Unas horas después empezaría a sentir dolores en el pecho y comenzaría a escupir sangre; la fiebre iría en aumento, y los dolores en la región del pecho y la sofocación serian intolerables. Al otro día estaría muerto.
En algunas ocasiones la enfermedad se manifestaba en forma de hinchazones duras, muy dolorosas, como un huevo, que aparecían por todo el cuerpo. Aparecían, además, puntos negros causados por la hemorragia bajo la piel. Estas manifestaciones se demoraban, a veces, varios días en desarrollarse. Pero en ambas formas, la mortalidad era muy segura. Los médicos estaban ciegos e impotentes contra este contagio y muchos de ellos se negaron a asistir a las victimas del mal, ya que el contacto directo equivalía, casi siempre, a una sentencia de muerte. Así, cuando alguien comenzaba con los primeros escalofríos, las demás personas de la casa le colocaban agua y alimentos cerca de la cama y posteriormente huían de allí, dejando a la victima de la Peste Negra morir sola.
Muchos parientes se abandonaron, así como padres a hijos o esposos a esposas, y hasta los religiosos se negaron, en muchas ocasiones, a administrar las últimas atenciones a los moribundos.
Cuando las muertes llegaron a un punto extremo se hizo imposible enterrarlos. Se abrieron zanjas en terrenos consagrados por la iglesia y pusieron allí los cuerpos, en hileras, unos sobre otros, con una delgada capa de tierra entre una y otra. En momentos se actuaba con tanta prisa que muchos de los infestados eran enterrados vivos.
Como si hubiera sido empujada por el viento la Peste Negra asoló Genova tomando victimas en todas las clases sociales. A quienes le fue posible arrancar a las colinas, la Peste Negra les siguió los pasos. Fueron tantos los campesinos que sufrieron el mal que apenas podían enviar comida a la ciudad.
La población se escondía en las iglesias, renunciando a todo, otros, los mas desesperados llegaron a los extremos de la locura. Las posadas estaban repletas, los hombres y las mujeres se desintegraron y entregaron a su suerte. Las tiendas y negocios, abandonadas por sus propietarios eran objeto de saqueos, e individuos sin ningún escrúpulo se apoderaban de las casas de los muertos y nadie se preocupaba en sacarlos.
En un comienzo de la epidemia empezó a sospecharse de que la Peste hubiera sido llevada por las tres naves del Oriente. Y como consecuencia se obligo a sus marineros a salir de nuevo del puerto y tomar nuevos rumbos. Uno de esos barcos se fue a Marsella, los otros atracaron en varios puertos del Mediterráneo, y al poco tiempo la plaga estallo en cada uno de los sitios visitados para después extenderse tierra adentro como una ola de muerte.
La Peste Negra fue un brote muy virulento de la plaga bubónica que se trasmite de las ratas a los humanos por intermedio de las pulgas. Nunca antes había tenido caracteres de igual magnitud, y tal vez por ello fue tan mortífera, porque ya la humanidad había perdido cualquier inmunidad que hubiera adquirido antes.
La epidemia reventó en China por una sucesión de años de hambre que debilitaron a su población. En las caravanas cruzo la India hasta el Golfo Pérsico, atravesó los desiertos y llego a Egipto. Otra ruta la llevo por el borde meridional del Mar Caspio hasta que alcanzo el Mar Negro y, de esa manera llego a Constantinopla, luego a Europa occidental.
En Marsella perecieron las cuatro quintas partes de la población, según lo cuenta un historiador. En Avignon el papa bendijo las aguas del Ródano para que quedaran sepultados en sagrado los cadáveres que se lanzaban al río.
En Paris, en el hospital de L Hotel-Dieu morían 500 personal diariamente. Cuidar a un enfermo era morir con el, pero a pesar de ello las enfermeras no dejaron sus puestos, y todas las que pertenecían al hospital murieron y tuvieron que reemplazarlas, no una sino varias veces.
El 7 de julio de 1348 un barco atracó en Weymouth, y en un tiempo cortísimo la plaga se extendió por toda Inglaterra. Solo en una parte de Londres se enterraron 50.000 cuerpos. Se comenta que murieron allí las dos terceras partes de los estudiantes de Oxford. Y de Inglaterra la Peste Negra paso a Escocia, Gales e Irlanda.
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El Decamerón es una historia que la recrea Boccaccio justamente en esa época. Alejándose de la ciudad apestada, se va un grupo al campo y allí se proponen narrar cada día, generalmente en las noches los distintos y graciosos episodios o estampas que conocemos como el “Decamerón”.
En la página http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1484, he encontrado lo que sigue y mucho más. Ahí lo dejo. Saludos
“La obra más importante de Boccaccio es El Decamerón, que empezó en 1348 y terminó en 1353. Esta colección de cien relatos ingeniosos, alegres, se desarrolla en un marco concreto: un grupo de amigos educados, afortunados y discretos, siete mujeres y tres hombres, para escapar a un brote de peste se refugian en una villa de las afueras de Florencia. Allí se entretienen unos a otros durante un periodo de diez días (de ahí el título) con una serie de relatos contados por cada uno de ellos por turno. El relato de cada día termina con una canzone, una canción para bailar entonada por uno de los narradores; estas canciones representan algunas de las muestras más exquisitas de la poesía lírica de Boccaccio.”…
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