Paulo Nabor, un joven escritor Veracruzano, toma el delicado trabajo de “corresponsal de guerra” en plena revolución mexicana.
Animado por la idea de correr grandes aventuras abandona su vocación literaria para adentrarse en una guerra cruel. Poco a poco descubre lo ridículo, insólito y estúpido de su decisión, mientras recorre practica mente toda la república siguiendo los pasos de los grandes generales federales y los caudillos revolucionarios. Corresponsal de guerra describe un país convulsionado, aprisionado por las armas del gobierno, y maniatado por intereses particulares de los jefes revolucionarios, en una época que ha sido presentada como oscura y deprimente, Paulo nos mostrara una cara desconocida del México bronco.
Érase una vez en Veracruz una población tranquila, pacifica sin preocupaciones y alegre, una población que tomaba la vida con felicidad y orgullosa preparaba el mejor café del mundo. Era 1910.
Es complicado describir lo cotidiano del puerto, tal vez las calurosas tardes que precedían a las tranquilas noches, arrulladas por el sonido de las olas actuaban como un efecto tranquilizador en los habitantes. O tal vez las dosis de cafeína que desde pequeños los Veracruzanos consumía tranquilizaba las bajas pasiones cambiándolas por cordialidad y amabilidad hacia el prójimo.
Lo mas probable es que la mezcla de culturas, que en el puerto se dio con singular alegría, generara una raza apacible, bonachona y trabajadora, de ahí que la población no tuviera otra opción que ser heroica por defensa y nunca por agravio, los veracruzanos entonces se sentían orgullosos de ser pacíficos, y felices.
Realmente no importa describir el día a día del puerto, los pobladores pasaban su vida en la agradable rutina del trabajo en los muelles y cafetales, y descansar en portales, plazas y jardines por las tardes. Si alguna lluvia de “surada” llegaba, era bien recibida y si solo la brisa marina los refrescaba también era bienvenida. Y bajo la impresionante luna veracruzana organizaban sus famosos convivios, para los cuales por cierto nunca falto algún pretexto.
Paulo Nabor fue miembro de esta comunidad, por herencia mas que por convicción, aunque nunca se lo cuestiono a profundidad, el era porteño, Veracruzano y punto. Si en esos tiempos su querido maestro le hubiera dicho que seria corresponsal de guerra en los desiertos de Chihuahua y Sonora, que estaría en medio del fuego revolucionario en Torreón y que conocería a los lideres de la revolución méxicana, lo más probable es que del asombro hubiera soltado su particular carcajada. En esa época en Veracruz la revolución era mas o menos una historia lejana, poco se sabia de ella y la verdad poco se quería saber.
Interesante, gracias por compartir.
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