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Virtudes entendidas, pasos para alcanzar la felicidad

Desde el punto de vista global, se coincide en que la felicidad constituye el bien superior. A la hora de definirla cada uno dice desde su entender y sentir común, sin importar clase social, religión o característica demográfica significativa.

Es tan necesaria, en la búsqueda de la virtud, como la moderación y la educación de la parte del alma que alberga el deseo. Alguien es inmoderado por ignorancia o por falta de control  de sí mismo, sobre todo frente al placer que todos buscamos, al tiempo que huimos del sufrimiento. El filósofo griego constata y afirma que el placer es actividad y fin, y puede ser considerado a su vez como el bien supremo. La amistad crea el vínculo social, y la más auténtica es la que se funda en la igualdad: según Aristóteles, se considera al amigo como otro uno-mismo y es porque nos amamos a nosotros mismos por lo que podemos hacer el bien a nuestro alrededor identificándonos con el prójimo. Si la virtud  nos lleva a la acción, el placer la consuma: Aristóteles consigue así conciliar en la acción las virtudes y el placer. Sin embargo, la felicidad de los sabios se halla en otro lugar: en el placer puro que ofrece la contemplación de lo divino, la naturaleza, el conocimiento y en la búsqueda de la inmortalidad. Los demás se limitarán las actividades prácticas y sencillas para vivir bien en la ciudad.

Hablar de la felicidad es lo mejor, parece ser algo espontáneamente reconocido, pero, con todo, es deseable exponer aún con más claridad lo que es. Acaso se conseguiría esto, si se lograra captar la función del hombre. En efecto, como en el caso de un futbolista, de un pintor y de todo artesano y, en general, de los que realizan alguna función o actividad parece que lo bueno y el bien están en la función, así también ocurre, sin duda, en el caso del hombre si hay alguna función que le sea propia Previa, pues, a cualquier especificación de lo que el hombre hace, habría que investigar en qué consiste ese fundamento en el que se sustenta.

El bienestar individual y la felicidad son propios de la felicidad y bienestar de los demás. Por eso el fundamento moral consista en dirigir las acciones hacia el bien común. Se considera que el placer o el dolor moral son característicos. En efecto, hay que distinguirlos cuidadosamente de todos los demás tipos de placer. Por ejemplo: El placer que experimentamos al beber un jugo de fresa es un placer de carácter puramente hedonista; en cambio el placer que sentimos al escuchar un rio durante el sueño de la noche constituye un placer estético. También ante la virtud de una persona experimentamos un placer particular que nos impulsa a alabarla del mismo modo que ante el vicio, sentimos un disgusto que nos impulsa a reprocharlo. Definitivamente concebir virtudes entendidas que se tienen y hacen parte de la personalidad, son pocos los que las alcanzan a identificar, para lograr el bienestar supremo, ser feliz, por que se puede tener mucho dinero, pero no ser feliz… entender lo que se es, lo que se desea, abre caminos reales para amar la vida y que las personas que nos rodean sientan esta buena energía.

[1] Aristóteles. Etica a Nicómaco, Lib. i, cap. II, 1095 a. Ver igualmente todo el Libro 2.- Archivo en pagina 83

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