Seamos nosotros mismos y dejemos ser a los demás.
¿Alguien debería saber cómo es la persona en realidad? O cabría preguntarse: ¿cómo le gustaría que fuera esa persona? Nadie está conforme con cómo es, siempre se está pendiente del qué dirán, de cómo desearía verse ante los demás.
Vivimos en función de la opinión ajena y, en consecuencia, no nos mostramos como en realidad somos. Es como si al levantarnos cada mañana, después de asearnos, fuéramos al closet y escogiéramos el disfraz que usaremos ese día en la sociedad a la que pertenecemos, pero que a la vez, no nos deja ser, sino que nos impone cómo debemos ser, qué pensar, cómo actuar, qué tener, cómo vestirnos, y llegan al colmo de decirnos cómo vivir.
El ser y el tener se han convertido en dos conceptos antagónicos y polémicos que no se corresponden el uno con el otro, porque sencillamente, somos y actuamos según la ocasión, siempre siendo en todo momento la persona que al otro le gusta seamos, no el que en realidad somos; por ende, hay que pasar a ser un ser inseguro y por si fuera poco, hipócrita, y dejar de ser una persona orgullosa y con alta autoestima.
Diariamente observamos cómo la opinión ajena nos cambia las aptitudes, conductas para asumir lo que no somos y tener más de lo necesario. Esto conlleva a que tampoco se hace lo que se desea, lo que nos gusta hacer, sino lo que al otro le conviene a fin de agradarlo, y después sentirnos frustrados al no realizar lo que en verdad nos gusta.
El ser humano está diseñado por Dios para luchar por lo que es -no por lo que no es- ocurra lo que ocurra, porque entre más nos conozcamos a nosotros mismos, nos será más fácil acercarnos a los demás. Debemos atrevernos a ser nosotros mismos. No siempre nos será fácil. Se nos presentarán muchos retos y escollos en el camino, pero será gratificante, ya que dejaremos de ser muñecos marionetas en manos de otros.
Para lograrlo, no siempre nos faltarán las fuerzas, sino más bien nos faltará la voluntad de cambio. Nada es fácil en la vida, todo tiene un precio que pagar, pero no hemos nacido para ser derrotados, sino para la batalla del día a día, hasta triunfar. Les aconsejo: tengamos lo que nos da calidad de vida, desechando lo banal, y por favor, seamos nosotros mismos y dejemos ser a los demás, para ser realmente felices con cómo somos y con qué tenemos.