“La meditación segunda” retoma el problema del conocimiento y la ampliación de la duda que había iniciado en la Meditación Primera. Prácticamente todo conocimiento puede estar sujeto a la duda. Pero, como Arquímedes que buscaba un punto de apoyo para mover el mundo, Descartes necesita un conocimiento seguro indubitable para poder fundamentar su sistema.
La analogía busca la relación entre Arquímedes que pide un punto fijo en donde colocar la palanca y así mover la tierra de su lugar con Descartes que busca un cimiento fuerte y seguro que le permite construir el edificio del conocimiento. Descartes va a encontrar ese cimiento en la verdad necesaria de la proposición “yo soy, yo existo…cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu”. Y es tan indubitable esa proposición que ni siquiera el “genio maligno” será capaz de engañarlo en esa convicción de su propia existencia.
Para Descartes la certeza de su existencia no es una verdad que él ha deducido a partir de algunas premisas, como responde en la segunda objeción de sus Meditaciones. Parecería que la verdad de que “yo soy, yo existo” dependería de la premisa “Las cosas pensantes existen” que no está incluida en el argumento. Sin embargo, Descartes aclara que no es deducción sino su propia existencia es reconocida por el acto inmediato de la intuición mental. En sus Reglas para la dirección del espíritu Descartes aclara el concepto de intuición:
“Entiendo por intuición, no la creencia en el variable testimonio de los sentidos o en los juicios engañosos de la imaginación -mala reguladora-sino la concepción de un espíritu sano y atento, tan distinta y tan fácil que ninguna duda quede sobre lo conocido; o lo que es lo mismo, la concepción firme que nace en un espíritu sano y atento, por las luces naturales de la razón.”
Así, la premisa que había mencionado anteriormente “las cosas pensantes existen” no es supuesta, sino es generalizada a partir de la intuición simple de nuestra propia existencia al pensar.
Esta noción de intuición es central en su pensamiento porque la intuición proporciona una claridad y distinción perfectas. Estas dos características (claridad y distinción) son indispensables para lograr la verdad. En las Reglas entiende estas características de la siguiente manera: “Clara es aquella idea que está presente y es manifiesta para la gente que la considera atentamente y distinta es la que, siendo clara, de tal manera está separada y delimitada de todas las demás que sólo posee lo que es claro”.
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