¿Por qué matar a una persona inocente es malo?, ¿por qué algunas personas consideran bueno el aborto y otras lo consideran malo?, ¿es matar siempre malo?, ¿debo mentir cuando estoy en peligro?, ¿por qué finalmente mentir debe ser algo malo?, ¿cómo decidimos qué acción es buena o mala?, ¿por qué no hay un acuerdo de lo que es bueno o malo?, ¿las acciones buenas no son obviamente buenas?, ¿quién decide lo que es bueno o malo?, ¿cómo se decide?
El relativismo cultural, sin embargo, es una tesis antropológica, descriptiva, no ética o normativa. Podría ser que el dato sea correcto, pero eso no permite inferir que el relativismo ético sea correcto. Es más podría ser el caso que haya diversos patrones morales en diversos lugares, pero que sean moralmente errados.
El relativismo ético es una tesis normativa, no descriptiva. La tesis relativista sostiene que lo bueno o malo moralmente es determinado por un grupo social o el individuo de manera que no hay una moral universal o absoluta.
La tesis del relativismo ético se basa en el relativismo cultural, pero no se sigue necesariamente del último porque el relativismo cultural es una descripción del comportamiento social y no individual. Y el relativismo ético puede estar referido al comportamiento moral individual. De hecho, podemos encontrar que dentro de un mismo grupo cultural, algunos individuos discrepen con las evaluación de los actos morales.
Como dije anteriormente, el relativismo ético es una tesis tentadora puesto que es difícil encontrar criterios universales para la evaluación moral. Sin embargo, la persona relativista debe estar dispuesta a aceptar que no hay una diferencia moralmente importante entre Mahatma Gandhi y Adolf Hitler. Ambos tenían convicciones morales distintas (opuestas realmente) y finalmente cada una de las normas morales que practicaban los dos podrían ser igualmente válidas. En otras palabras, ninguno de nosotros podría legítimamente juzgar las convicciones ajenas.
Estas y otras preguntas similares son estudiadas por una rama de la filosofía que se llama ética o también moral filosófica. Como todos los estudios de filosofía en los que hemos incursionado, la ética exige la argumentación racional de las ideas. En el caso particular de la ética, nuestro objeto de estudio es la evaluación y justificación de las acciones humanas. Es decir, en la ética estamos buscando razones para considerar si un acto es bueno o es malo.
El absolutista moral niega la última proposición. Considera que hay normas morales que están profundamente equivocadas y que existen actos que son verdaderamente inmorales. Los absolutistas además creen que existe un progreso moral en las sociedades, como por ejemplo, el abandono y reproche a las sociedades esclavistas. Un absolutista no creería que hay sociedades esclavistas y otras no esclavistas y que uno no puede considerar que una es mejor que la otra en términos morales. Al contrario, el absolutista considera que la sociedad esclavista está moralmente errada.
Una posición absolutista no requiere un conjunto muy grande de normas morales, sino al menos algunas. Un absolutista contemporáneo anota la siguiente lista de normas que serían candidatas a ser consideradas normas universales (Pojman, 1985, 31)[3]:
La justificación de estas normas es bastante difícil y no esta exenta de dificultades, pero básicamente se justifican apelando a una noción universal del ser humano, sus necesidades y sus intereses. Esta justificación parte del principio que la naturaleza humana es relativamente similar en esencia, en el sentido que se tiene un conjunto común de necesidades e intereses.
[1] Como dato anecdótico, este caso es real. Fue el caso de los hermanos Menéndez, ocurrido en Los Ángeles, EEUU, que fueron sentenciados a cadena perpetua por haber asesinado a sus padres. Parte de la información que permitió su condena fue proporcionada por su psiquiatra que grababa todas las consultas. Mas tarde el psiquiatra sintió que era su deber dar a conocer ese dato e inclusive declaro durante los juicios. Este caso fue muy publicitado en la televisión.
[2] Beauchamp, T. (1982). Philosophical Ethics. New York : McGraw-Hill.
[3] Pojman, L. (1985). Ethics: Discovering Right and Wrong. Belmont, CA.: Wadsworth.