Imagen y conocimiento.
Cuando Aristóteles abordó el tema de lo concreto, lo entendió como la ενέργεια, y esta ενέργεια es lo que los alejandrinos (neoplatónicos y neoaristotélicos) concibieron como el pensamiento que se piensa a sí mismo. Este es el punto central de la teoría de la mediación o cristología, donde la imagen real-virtual de Cristo es la mediación entre lo uno y lo múltiple.
De este modo, lo uno, lo abstracto, aquello que piensa y que se piensa a sí mismo, cobra forma en una imagen, se vuelve re-presentación. La esencia ya no es concebida como un abstracto vacío, el alma, como decía Filón de Alejandría, quiere conocer al ser abstracto, pero no puede; la senda por la cual se mueve el alma para llegar a concebir al ser, fue dejada al margen de otra senda: el logoς; pero el logoς no puede conocer de otro modo que no sea a través de imágenes, es decir; no es posible saber lo que es lo uno, pero si se puede saber acerca de su re-presentación; no es posible conocer lo abstracto, Dios, pero si se puede conocer a su primogénito; que no es otra cosa que la identidad entre la naturaleza divina y la naturaleza humana; la conciencia. Ya lo dijo Juan: “el Verbo se hizo carne” (I, 14), es decir, lo absoluto se hizo re-presentación.