La moral cristiana como negación de la vida.
La crítica a la moral cristiana ocupa un lugar destacado en los últimos trabajos de Nietzsche, donde llega a concluir que la moral cristiana ha corrompido a la humanidad, al enseñar a despreciar los primeros instintos de la vida, al enseñar la muerte del cuerpo en auxilio del alma.
Ahora bien, veamos que simboliza, en su forma más elemental, más pura; el elemento cuerpo. Seguramente sean infinitas las atribuciones simbólicas que le merezcan, pero en última medida, el cuerpo da cuenta de la vida y de la reproducción. Y, ni la vida ni la reproducción tienen existencia, si no tiene existencia el cuerpo. Entendiendo al cuerpo antes que como otra cosa, como medio; es decir, como realidad.
Y el cristianismo, según Nietzsche, ha proclamado como los más altos ideales a los valores más mezquinos, a los valores que proclaman la impotencia y la debilidad como virtud. Donde el ser débil es el propio de honra, y su debilidad es enaltecida.
En definitiva, el débil es el pobre de espíritu, el bueno, el ser moral; aquel que carece de fuerzas para poder controlar sus propias pasiones, aquel que no puede hacerse cargo de su cuerpo. Y no poder hacerse cargo del cuerpo es no poder hacerse cargo de la realidad. Por lo que, el cristianismo, al estar del lado del débil, debe repudiar al cuerpo, y declararle la guerra más atroz a las pasiones. Y es por lo cual, el cristianismo ha tomado la creencia de que el cuerpo es un verdadero mal para el alma. Liberar el alma será el fin último, y el único camino para la liberación del alma es la muerte del cuerpo. De ahí que el cuerpo sea una condena, una cárcel donde el alma padece los sufrimientos de otra vida.
Para el cristianismo, en el reino eterno del bien no existe el sufrimiento. El más allá es el mundo real, donde no puede llegar el cuerpo, solamente puede llegar el alma, porque es eterna y por lo tanto inmortal.
La vida del cuerpo es como un día en la vida del alma. Para el cristianismo, la vida verdadera, está más allá del cuerpo; es el reino de la muerte. El cristianismo desprecia al cuerpo ante la vida de la muerte. Desprecia lo que es y alaba la inexistencia. Veamos una cosa más, el cristianismo, ha imaginado dos reinos en la vida eterna de la muerte.
El problema de Nietzsche es que confundía “cristianismo” con la podredumbre de la institución católica romana y de sus representantes, los profesionales de las religiones.