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Discurso del método de Descartes 2

Un breve análisis sobre la segunda parte del documento llamado Discurso del método de Descartes.

El discurso del método de Descartes se divide en seis partes, pero en este caso sólo se analizará la segunda parte, en la que se encuentran diferentes consideraciones de las ciencias. Esto constituye un resumen y análisis de este documento.

Segunda parte

Descartes estaba en Alemania para la guerra de los 30 años, y regresando de la coronación del Emperador hacia el ejército, resolvió permanecer sólo y encerrado para entregarse a sus pensamientos. Uno de sus pensamientos fue que eran más perfectas las obras compuestas por una sola persona, que las que eran hechas por varias personas. De esta forma pensó que las ciencias de los libros, habiéndose compuesto de las opiniones de diferentes personas, no son tan cercanas a la verdad como los simples razonamientos que un hombre de buen sentido puede hacer de las cosas que se presentan. También pensó que como hemos sido niños antes de ser adultos, nos hemos regido tanto por nuestros apetitos como de nuestros preceptores, que en algunos casos fueron contrarios, y por esa razón nuestro juicio nunca será tan puro y sólido, como si hubiéramos tenido pleno uso de la razón desde el momento en que nacimos.

Así como se derriban calles y edificios para reedificarlos, para construirle nuevos cimientos y hacerlos más firmes, pensó que debía suprimir todas las opiniones, para sustituirlas con otras o con las mismas, pero hasta que hubieran llegado al nivel de la razón. Por este medio regiría su vida, que si decidiera construir sobre cimientos viejos, apoyándose solamente en los principios aprendidos de joven, sin haber examinado si eran verdaderos o falsos. Siempre trató de reformar sus propios pensamientos y construir sobre un terreno que sólo le perteneció a él.

La idea de desprenderse de las opiniones, según él no es conveniente para todos, por ejemplo: los que se creen más hábiles de lo que son, no pueden contener la precipitación de sus juicios ni tener paciencia para ordenar sus pensamientos; y otros que teniendo bastante razón o modestia para juzgar que son menos capaces de distinguir lo verdadero de lo falso que otras personas, deben contentarse con seguir las opiniones de los demás. Aprendió en el colegio que no nos podemos imaginar nada que no hayan dicho los filósofos, y vio que no todos los que piensan diferente a nosotros son bárbaros o salvajes, pues muchos de ellos utilizan mejor la razón. Además la multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades, pues es más probable que un hombre solo las encuentre a que lo haga todo un pueblo, y sería difícil encontrar una persona cuyas opiniones sean más preferibles que las demás, por lo que se condujo solo. Por ello decidió ir despacio y emplear la circunspección en todo, pues así, avanza poco pero corre menos riesgo de tropezar y caer.

De joven aprendió algunas ciencias que pensó que le iban a ayudar a recorrer su camino, y entre ellas está la lógica, que al examinarla notó que sus silogismos e instrucciones sirven para explicar las cosas ya sabidas. Está también el análisis y el álgebra, que tocan materias muy abstractas, que parecen inútiles para cultivar el ingenio, y sirven más para enredarlo. Por ello buscó un método que uniera lo mejor de las tres, y excluyera sus defectos, y de la lógica tomó cuatro preceptos: el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, sin tener evidencia de que lo es; el segundo, dividir cada una de las dificultades, que examinara, en cuantas partes fuera posible y en cuantas requiriera su mejor solución; el tercero, conducir ordenadamente los pensamientos, empezando con los objetos más simples, e ir ascendiendo poco a poco; y el cuarto, hacer en todo unos recuentos integrales y revisiones generales, para estar seguro de no omitir nada.

Con esos preceptos se imaginó que todas las cosas de las que se puede obtener conocimiento, se siguen unas a otras, y sólo con no admitir una cosa como verdadera sin que lo sea, y guardar un orden para deducir unas de otras, no hay ninguna que no se llegue a alcanzar. Sabiendo que se debe empezar por las cosas más sencillas, y considerando que sólo los matemáticos han podido encontrar demostraciones, comenzó por donde ellos comenzaron, fue tomando todo lo del álgebra y el análisis geométrico, y fue corrigiendo los defectos que encontró en ellos.

Descartes dijo que sólo con los preceptos elegidos había sido fácil entender esas dos ciencias, y que habiendo comenzado con las cosas más simples, conoció cada verdad (cada regla), que luego le servía para descubrir otras, con lo cual logró resolver cuestiones que había considerado anteriormente muy difíciles. Según él, el método que enseña a seguir el orden verdadero y a recontar exactamente las circunstancias de lo que se busca, contiene todo lo que confiere certidumbre a las reglas de la aritmética.

Lo que mejor le pareció de ese método fue que empleaba bien su razón, si no perfectamente, por lo menos lo mejor que podía. Además sentía que su espíritu se iba acostumbrando a concebir los objetos con mayor claridad y distinción. Sin embargo no se dedicó a examinar todas las ciencias que se le presentaban, pues muchas de ellas, como había dicho, toman principios de la filosofía, donde él no encontraba alguno que fuera cierto. Se sintió satisfecho de haber dedicado tanto tiempo a su preparación, quitando de su espíritu todas las opiniones malas, haciendo acopio de varias experiencias, que fueron luego la materia de sus razonamientos, y por último, ejercitándose en el método que había encontrado, para afianzarlo mejor en su espíritu.

Según todo lo expuesto por Descartes, podemos deducir que se inclinó mucho por el racionalismo, pues le dio mucha importancia al pensamiento y la razón para llegar a la verdad. Se puede ver que creía claramente en que se puede llegar al conocimiento a través de la reflexión y el pensamiento, de la distinción de lo verdadero y lo falso. Como todos los racionalistas no negó la importancia de las matemáticas para alcanzar el conocimiento, sino al contrario, se basó en ellas para sacar su método (lo extrajo de la lógica), y lo aplicó al álgebra y al análisis geométrico, a través de los cuales alcanzó aclarar sus pensamientos, y aprendió a concebir los objetos con claridad.

Además se observa que tenía la concepción de lo innato, pues creía que la razón estaba en todos los hombres, pero lo que difería era la manera en que se usaba, y la forma en que se aplicaba a lo que se hace, es decir, la diferencia radica en la forma en que se maneja la razón, y no en la cantidad que se tenga de ella. Creía también que se podía llegar a elevar el conocimiento hasta un punto máximo, según el tiempo que se tuviera para dicho acto.

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