Según la antropología cristiana el hombre es creado, no es hecho de la sustancia de Dios por accidente, ni por caída. Es un alma viva, creada en su condición corporal presente. Según el brahmanismo, el alma humana es una parte del alma divina, el alma de Dios, que es la sustancia que se fragmenta en partículas que forman todas uno. Existe, por ende, una unidad de todos los seres.
Platón sostenía que el alma humana era por naturaleza de esencia divina lo que la hacía increada, inmortal, incorruptible e incorporal. Según Platón, el alma se encontraba allí arriba con Dios y era enviada hacia abajo, para luego volver. Pero al descender, olvida todo lo aprendido arriba y a través de los objetos visibles comienza a recordar.
En primer lugar, el cristianismo ortodoxo rechaza esta teoría argumentando que el alma humana es creada por Dios, no es vida en sí misma porque la vida no le pertenece a ella sino a su creador. Es su gracia quien nos da la vida, por su voluntad divina, no nuestra propia naturaleza. Es él a su vez quien le otorga la inmortalidad al alma. En segundo lugar, encuentran cierta incoherencia en la teoría platónica del alma al cuestionar que si el alma es de esencia divina, cómo es capaz de olvidar todo lo aprendido cuando desciende. Critican los Padres, también, la creencia en la reencarnación del alma manifestando que, tras la muerte del cuerpo, las almas perduran pero no pasan a otro cuerpo sino que conservan los caracteres del cuerpo muerto memorando las acciones y situaciones de la vida pasada. Su posición es respaldada por la parábola del mal rico y del pobre Lázaro (Lucas, 16).
El pensamiento helénico también refuta la teoría de Platón. Para ello utiliza dos argumentos, el primero es similar al del cristianismo ortodoxo. Si es que fuésemos enviados hacia aquí abajo tendríamos que recordar de donde vinimos, cómo y porqué, negando por ende, la existencia anterior a que Dios nos creara. El segundo argumento es el del matrimonio. Si es que el alma desciende desde allí arriba, donde lleva una vida bienaventurada, entonces la procreación es un mal, porque haría caer a un alma divina en un cuerpo malo, y por consecuencia, Dios y la Virgen participan de una acción mala. Y esto va en contra de la doctrina cristiana y de la Sagrada Escritura, que dice que el matrimonio es un sacramento y es bueno. Además, sería ir en contra de la voluntad de Dios que dijo: “Creced y multiplicaos”.