Esos momentos en los que nos sentimos tan… ¡nada!
Decididamente, el sábado no tendría que haber salido. ¡Estaba tan triste! Me cambié de ropa tres veces antes de decidir que la opción número cuatro era horrible y tuve que optar por la número cinco (era la menos fea de todas).
Nada me gustaba. En realidad, en ese momento sentía que algo espantoso me invadía, una sensación de inseguridad extrema que me vuelve completamente vulnerable e incapaz de defenderme ni siquiera del más ínfimo de los ataques.
No me siento cómoda con mi cuerpo, tengo mucha inseguridad. ¡Estoy gorda! Me veo muy fea…. Cada vez que me pasan estas cosas creo que empiezo a diluirme y, sin darme cuenta, sin saber cómo, me vuelvo más y más pequeñita… caigo en un pozo… no encuentro quién me saque. Pero… ¡nadie tiene que ayudarme a salir!
Cuando pienso en cómo son mis días, en la cantidad de cosas que me producen satisfacción y que me llenan de energía… Pienso en mi hijo, ¡qué sonrisa tan linda!; pienso en el trabajo, en la limpieza de la casa, en el almuerzo, en la cena… Nadie me rescata en esos momentos, sólo mi alma y yo resolvemos situaciones a veces sin saber cómo. ¡Qué maravilloso que es poder pensar y resolver, no? Mujeres: ¡Qué maravilloso que es ser mujer!
Emocionantes tus escritos. ojalá muchas puedan leerlos y tenerlos encuenta. ¡¡Segúí escribiendo!!
leila
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