Los tiempos actuales y la situación del pensar.
Si lleváramos esta dicotomía entre lo moderno, lo postmoderno y lo neomoderno a temas delicados como la religión, nos daríamos cuenta que sería prácticamente imposible definir la situación con algún nombre en especial. En América latina, el cristianismo es la religión predominante y desde la conquista la religión que mayoritariamente se ha impuesto. Sin embargo, se observa que sobre todo desde los sectores más aislados surgen y cada vez con más fuerza otros tipos de religiones. SI hablamos por ejemplo de la religión evangélica, sabemos que esta es más estricta ya que funciona estrictamente con las reglas que imparte la Biblia. Este surgimiento es claramente una vuelta a lo antiguo, a lo más fundamental y a lo más ortodoxo. Como es sabido por todos, la religión católica, por su evidente impacto mediático, ha debido constantemente reinventarse, aceptando cosas que antes estaban prohibidas y castigadas, en pos de la situación actual y según lo que demande la sociedad.
A pesar de todo esto, se observa, y sobre todo desde los sectores más bajos que surgen numerosas religiones que tienen poco que ver con estas religiones predominantes, que en muchos casos se ven condenadas abiertamente por las religiones más ortodoxas. Estos surgimientos suponen una ruptura con la condición anterior y sería posible llamarlas religiones postmodernas. En el caso católico cabe la posibilidad, por la constante reinversión que fue mencionada, considerarla ahora como neomoderna.
Estas formas de pensar, en muchos aspectos parecen no tener una explicación lógica, pero si pensamos tanto la política como la religión en un sentido espiritual o si se quiere romántico, la adherencia o no hacia un partido político o una religión puede ser netamente sentimental. Es posible que esta aceptación de una ideología esté dado según la autoridad que las representa, que necesariamente debe evocar estos sentimientos en las personas.
Sería entonces necesario preguntarnos ¿de qué forma se dan estas características “carismáticas” que nos hacen ver en una figura pública algún tipo de esperanza en el devenir? O también podríamos preguntarnos, ¿qué características debe tener cierta autoridad para lograr que la ideología que está defendiendo sea finalmente oída y aceptada por las personas? Desde aquí también cabría preguntarse ¿depende finalmente de la persona que propone un ideal el despertar de nuestra atención para adherirnos a su forma de pensar? Tal vez sean preguntas que requieran una profunda investigación y análisis que finalmente no encontraríamos respuesta ni menos explicación lógica.