Casi toda la población mundial ha sido, alguna vez, un estudiante. Casi todos sabemos lo que se siente ser alumno, sentarse detrás de un pupitre y recibir una clase. Pero también existe otro grupo que no es tan mayoritario: el de los profesores. ¿Quieres saber qué se siente ser profesor?
Si no temblaba era por el sólo hecho de que temía que lo notaran y se buralaran más aún. Incluso llegó el momento de la aceptación, pensé, hoy voy a pagar todo lo que hice en mis años de estudiante, y si alguna vez vuelvo a ser estudiante, me portaré bien, porque habré aprendido mi lección.
Al principio fue dificil, cometí muchos errores, pero, aparentemente, nadie lo notó. Fui fría, seca, y hacía las cosas como si no fuera un ser humano, sino una máquina que fue programada para hacer las cosas del modo en que se lo ordenaron y ya, como si estuviera haciendo todo por acto reflejo y sin pensar.
Sin embargo, al final del día, aprendí a conocer a cada uno de mis alumnos, a ver cuál era mejor y cual no, cual ponía atención y cual no. Me sorprendió darme cuenta como algunos, que aparentemente mostraban un gran interés y atención, realmente no lo hacían, y otros, que pareciera que dormían durante toda la clase, sabían y respondían correctamente a las preguntas que lanzaba. Todo fue muy distinto a como pensé, y aunque, el primer día estuvo llena de un terror sin igual, a medida que aprendí a conocer a mis estudiantes todo se hizo bastante facil y realmente placentero. Es una experiencia que nunca olvidaré y que realmente deseo seguir practicando, y que invito a todo aquel que tenga sus dudas en cuanto a la pedagogía, a que lo haga sin nada que temer, las cosas no resultaron tan mal como las pensé.