Casi toda la población mundial ha sido, alguna vez, un estudiante. Casi todos sabemos lo que se siente ser alumno, sentarse detrás de un pupitre y recibir una clase. Pero también existe otro grupo que no es tan mayoritario: el de los profesores. ¿Quieres saber qué se siente ser profesor?
Es fácil ser estudiante. Todos los días durante casi todo el año te levantas a temprano y vas a tu lugar de estudio, a escuchar una clase o a pretender que lo haces. A tomar apuntes o a pasar recados con tus compañeros en los cuadernos del colegio. Sabes lo que es estudiar duro toda una noche para un examen final, o escribir en un papelito todo lo que crees que podría salir en él.
¿Pero ser profesor? ¿Dar clases? ¿Pararte frente a un pizarrón a explicarle cosas a un grupo de personas que pueden o no quererte escuchar? ¿Llegar a casa cansado y lugar de ver tu programa favorito corregir cientos de examenes de todas tus clases distintas? Esa experiencia no la ha vivido todo el mundo y por fortuna o por desgracia a mi me tocó vivirla.
Siempre pensé que dar clases era cosa fácil, tan sólo buscar en un libro lo que tienes que enseñar y ya sea dictarlo o explicarlo como uno lo entiende, del mismo modo en que solía hacer presentaciones orales en el colegio. Sólo me preguntaba sobre como hacer que el tiempo cuadrara con la clase, pero no me preguntaba nada más.
A pesar de esto, llegó el día en que me dijeron: mañana da su primera clase. Fue en ese momento cuando pasó por mi cabeza un montón de cosas que jamás pensé. Primero que todo, pasaron por mi mente todas y cada una de las maldades que hice como estudiante: sabotear la clase, no poner atención, incentivar a mis compañeros a no hacerlo tampoco, burlarme de la profesora a sus espaldas, ponerle sobrenombres, meterla en problemas… hasta en una huelga estudiantil, que realicé en el mismísimo salón mientras el profesor dictaba la clase a los pocos que siguieron poniéndole atención participé.
Todas estas cosas pasaron por mi mente toda la noche y al día siguiente, cuando entré a la clase, me sentí como si fuera un ratón que acababan de enjaular bajo 7 candados con una manada de 40 gatos que están hambrientos desde hace un mes. Si se portan mal, ¿que haré? si me equivoco, ¿se burlarán? … también recordé, como, cuando tenía mucho conocimiento sobre una materia (el inglés) me portaba tan arrogantemente con mis profesores, corrigiéndolos y molestándolos cuando se equivocaban o no sabían algo. ¿Que debía hacer si me tocaba alguien así? un amigo mío, también profesor, me contó una alumna lo llego a hacer llorar noches enteras por esta misma razón. ¿Me pasaría algo así?