¿Sabía usted que el transporte marítimo representa del 1,4% al 1,5% de las emisiones globales de gases que provocan el efecto invernadero?
Históricamente, la industria de transporte marítimo ha estado sometida a pocos controles ambientales, ya que operan en aguas internacionales. Sin embargo, la Industria podría enfrentar muy pronto estándares más estrictos respecto a sus emisiones si los reguladores del tema siguen el ejemplo del Air Resources Board de California. La nueva estrategia de esta junta para la reducción de las emisiones, aprobada a principios del año pasado, incluye exigir a los buques que apaguen los motores y el uso de sistemas de energía más limpia, cuando se acercan a los puertos. Los reguladores del aire de California aprobaron también una norma que prohíbe el uso de “combustible fósil” dentro de las 24 millas náuticas de la costa del estado a partir de este año.
Además, los 168 países miembros de la Organización Marítima Internacional de Naciones Unidas han acordado una serie de recortes en las emisiones de dióxido de azufre a ser eliminados en las costas protegidas desde el 2015 y en el mar a partir del 2025.
De lo anterior surgen dos preguntas, una es si la Industria del refino de petróleo será capaz o no de proveer esta nueva demanda de combustible menos contaminante que tiene que ser desarrollado para la navegación y la otra si la industria del transporte marítimo adoptará o no las alternativas renovables.
En este escenario, el uso de la energía solar aparece como una buena alternativa. La energía solar es limpia, silenciosa e infinitamente renovable. Podríamos decir que es prácticamente gratuita si mantenemos al margen el coste de un panel solar. En sólo 15 minutos el sol bombardea la tierra con más energía de la que necesitaría toda la humanidad durante un año. Todo lo que tenemos que hacer es convertir esa energía luminosa en electricidad.
Ya en el mundo existen varios barcos solares, por ejemplo en España la empresa Mallorquina Seacleaner Trawler, creó el barco de Guadalest que recorre el embalse del mismo nombre, sólo para uso turístico. Éste obtiene la energía a través de 16 placas solares, todas ellas situadas en el techo del buque, y que alimentan a su vez a 24 baterías de gel, que pueden proporcionar una autonomía de funcionamiento de 150 horas “en caso de no tener luz”.
El año pasado, el gigante japonés de transporte marítimo Nippon Yusen K.K. y el distribuidor de aceite Nippon Oil Corp. lanzaron, por primera vez, un buque de carga con un sistema de propulsión alimentado, en parte, por energía solar. El carguero, que zarpó del puerto de Kobe llevando vehículos de Toyota, está equipado con $ 1,68 millones de dólares en paneles solares – lo suficiente como para ofrecer sólo el 0,2 por ciento de la energía necesaria para su propulsión.
Por otro lado, en el astillero Knierim Tachtbau, en la localidad de Kiel, al norte de Alemania, se está construyendo el mayor barco solar del mundo. El objetivo de los ingenieros que han diseñado la nave, llamada PlanetSolar, es convertirla en la primera que dé la vuelta alrededor del mundo sólo movida por energía solar. Tiene previsto terminarla en el mes de abril del 2011.
El barco que tiene un presupuesto de casi 14 millones de euros tiene una forma similar a una punta de flecha, tendrá 29,87 de eslora, poco más de 15 metros de manga y 34,7 metros de altura. Pesará 60 toneladas y tendrá una superficie de 470 metros cuadrados llena de placas solares foto voltaicas. Llevará dos tripulantes, aunque tendrá capacidad para otros 50.