Recuperar y reutilizar este material es una tarea que nos compromete a todos por igual, para no seguir contaminando.
Las bolsas que despreocupadamente tiramos, junto con la mala disposición de los residuos urbanos en repositorios a cielo abierto, y sobre todo la característica de ser no biodegradables están provocando una sofocación en nuestro planeta. La cantidad es tal que extendidas y colocadas una al lado de otra cubrirían varias veces la superficie de éste y además su acumulación aumenta día a día. Si hacemos un cálculo rápido, la población mundial es de 6.500 millones de personas, promediando a razón de un envase por persona por día, el resultado es alarmante.
Existirían varios caminos para combatir este problema; uno es,
Encontrar o crear artificialmente formas de vida (microorganismos seleccionados o modificados genéticamente) que transformen estos desechos inservibles en materiales ya sea para fecundar los suelos estériles donde se disponen los residuos o para beneficio del hombre o los animales.
Trabajar en la búsqueda de variedades de plásticos que, aun conservando las cualidades que los hacen tan útiles, sean biodegradables, fabricados a partir de recursos renovables por ej.( azúcares, almidón, celulosa, melazas etc.) que se descomponen y degradan rápidamente, integrándose con facilidad a los suelos.
El reciclado y reutilización de plásticos a diferencia de otros materiales, no es rentable para las empresas, es por eso se recupera un muy bajo porcentaje de los mismos. Con ingenio, separar y reciclar los desechos plásticos puede ser fuente generadora de mano de obra y ocupación, transformando de esta manera para muchos, un problema en una oportunidad.
Todas estas posibilidades no son por supuesto excluyentes y seguramente la mejor solución es una combinación de todas ellas.
Pero el comienzo de la solución es difundir y enseñar a la mayor cantidad de personas que existe el problema, y como cada uno puede ayudar a reducirlo. Todos los habitantes del planeta debemos ser responsables y no arrojar este material al medio ambiente, clasificarlo y separarlo de los residuos orgánicos y restringir al máximo su utilización.
Estas prácticas son especialmente efectivas en la niñez. En esa etapa de la vida, marcada por la incorporación incesante de conocimientos y experiencias. Es cuando se forma el carácter y la conducta que es difícil modificar después. Si partimos entonces de una conciencia y un diagnostico acertado del problema y soluciones posibles es seguro que los individuos accionaran para minimizar los resultados adversos, en la conservación y control del medio ambiente.