La selva de cemento en que muchos vivimos necesita de los árboles para equilibrar el ambiente y darnos la atmósfera saludable que necesitamos; sin embargo, a menudo la fiebre urbanística los relega sin reparar en que hace lo mismo con nuestra calidad de vida. Impulsemos el equilibrio ecológico y la sociedad se beneficiará.
Esto puede hacerse mediante la conservación y aumento de espacios verdes, indispensables pulmones de salud en la selva de cemento. Además de árboles y plazas ayuda a conseguir el necesario equilibrio la presencia de algún parque o jardín botánico: una hectárea de árboles efectúa una contribución diaria de 600 kg de oxígeno.
Las autoridades urbanas deben considerar también que la mejor ayuda de un vegetal, tanto una planta como un árbol, para el ser humano depende de factores como su especie, tamaño y crecimiento, entre otros.
Entre los árboles más eficaces para lograr el equilibrio ecológico están los pinos carrasco y riñonero; siempre la orientación dada por un experto será la mejor para lograr nuestro objetivo.
Ante un planteo sólo económico, que propone plantar los árboles que cuesten menos en el mercado, se debe priorizar la relación costo/beneficio, cuidando el dinero sin derrocharlo, pero tampoco efectuar una inversión que sea menor en monto pero menos positiva que otra más onerosa pero con mejores resultados.
El arbolado de las ciudades nos brinda mucho más que sombra, ofreciéndonos salud y acercamiento a una forma positiva de vivir.
Los bosques cumplen una importante función reguladora climática. Producen oxígeno y si bien lo consumen al mismo nivel son importantes para equilibrar el ecosistema.
Por ello, es importante evitar la tala indiscriminada de árboles, que produce desequilibrios climáticos y perjudica la calidad de vida de animales y humanos.
La industrialización y el progreso parecen haber dejado de lado a los árboles como factor regulador del clima; además la eliminación de bosques perjudica a los habitantes de la zona, en muchos casos pertenecientes a pueblos originarios, que van migrando y así dejan de lado paulatinamente sus tradiciones y su cultura.
La selva tropical protege los suelos sobre los que crece, llevando al desaparecer a la erosión de estas tierras, que quedan inhabilitadas para el cultivo.
El árbol es uno de los mejores regalos que da la naturaleza a los seres vivientes. Hay algunos que son jóvenes y otros tienen siglos de existencia.
Estos, los más añejos, han sido testigos de la historia. Quizás a su lado se libraron batallas, se hicieron planes políticos, hombres y mujeres declararon amores que duraron hasta la muerte o se evaporaron al poco tiempo.
Cuando visitemos una zona rural no dejemos de aspirar el aroma que dan los árboles, garantía de salud de cuerpo y espíritu; si vivimos en una ciudad cuidemos este patrimonio vegetal y social y de ser posible plantemos al menos uno en nuestra vida.
El árbol no sólo equilibra el medio ambiente sino que también nos habla a través de sus raíces, su tronco y sus ramas, dándonos protección.
Respondamos a su beneficio, que nos llega gratuitamente, cuidándolo y evitando se le produzca daño. La cultura ciudadana de respeto al árbol debe, como lo hace él, instalar sus raíces entre nosotros.
muy bien…este es un articulo muy bien escrito y expresado.
Sigue compartiendo.
Aplauso y saludo.