Bitácora de mis experiencias sexuales, luego de los 40.
Recuerdo parte del diálogo casual con algunas personas. Algunas veces, cuando alguna chica buscaba pareja, se enfocaba en descubrir el estado civil, si tenía hijos y en qué trabajaba ¡para saber cuánto ganaba! (hay gente muy precisa y clara). Otras veces, porque nada ni nadie es igual, hacían un largo rodeo para decirte que estaban solas, que no querían involucrarse con nadie, pero te daban una clase de esperanza cuando te pedían el número de teléfono o te daban la alternativa de alguna forma de mantenerse en “contacto”. ¿Quién las entiende?
En los encuentros o sucesivas citas, ya uno tenía su estrategia ¡Quién no la tenía? Sin embargo, cuando uno decide asentarse y cumplir con la “ley”, honrando compromisos, la comunicación se acaba o cada quien -separados o juntos- termina por asesinarla, y de allí cada persona cuenta su cuento. ¿Qué pasó con lo que creímos era amor?
Uno se casa con razones o motivos equivocados. Mi madre, por ejemplo, para “zafarse del yugo de su casa”. Posteriormente, para liberarse de la esclavitud de su marido y ¿no me casé yo para tener sexo lícito? (porque no era amor, el amor que se entrega sin condición y a plenitud).
Ya viejecito, contando mejor mis días, me sorprendo con lo egoista que sexualmente fui. Procuraba tan ansiosamente mi placer que muy ligeramente preguntaba “te gusta”, “te sientes bien”, pero -mi contraparte- nunca me habló de sus necesidades, de sus gustos y nunca supe complacerla, pues ¡no me dijo si la complacía! (lo increíble es pasar más de 10 años con la misma persona, sin satisfacerla y sin conocerla).
Tu punto de vista es interesante.
Muy interesante exposición, saludos
eso suele suceder es muy comun…