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El sexo

Vivencias.

Acero afilado, brillante, como el sol naciente en prematura primavera; reflejando mi alma en desvanecida imagen, oscura, bizarra, viva…

Plasmando tu recorrido, cortando átonos de espacios vacios en perspectiva. Tras su filo interminable, la deliciosa esencia de tus pasos. Tu palpitante mirada muestra a los dioses el corriente sanguíneo que envidian por naturaleza.

Mas allá de ese manto que rechaza los rayos lunares en tu rostro, se que escondes tu amor ante este septiembre que tantas veces te trajo a mi obscuro rincón.

Pero hoy es el día querida aparición; ese día tan esperado entre tu cuello y el gracioso danzar de mi pulso

Muertos caminamos desde aquella ultima noche que unió nuestros alientos en creación reveladora; desde el ultimo paseo de mis placeres por tu sexo siempre bello. ¿Cual es la diferencia entonces? Vida sin vida, eterna muerte acompañando nuestros ligeros pasos, q sin levantar una pizca de polvo, nos aleja hacia nuestras ultimas consecuencias, nuestros últimos actos de conciencia viviente, abandonados en presentes ocultos a nuestra realidad subjetiva.

¿Que diferencia hay entre morir esta noche en mis brazos y morir de amor en un futuro solitario?

Vagando entre ortodoxos rostros de moralidades ajenas.

Bendito septiembre aquel que te trajo al mundo y te llama a mis jardines a probar este dulce filo en tus mejillas, a sentir de nuevo esta energía manipuladora presente; a iluminar mi vida con tu muerte sagrada… ¡Mejor regalo nunca hubo; el rostro de la muerte obsequiado en los perfectos cruces de tus lineas únicas e inigualables.

Como único testigo, esta estrella de verano a mis espaldas, empapándonos con su luz milenaria que atraves de siglos de recorrido llega hasta mi mirada con el solo propósito de mostrarme mi efímero pasado.

¿Pero que luz podría llamar mi atención observando el diamante resplandeciente que es tu SER?

Enciendo un cigarrillo mas antes de comenzar con la tarea encomendada, ritual de sacrificio pagano hacia el dios personal. Con angustia pregunto a mi interior si seré capaz de cortarte hasta extraer de ti la ultima gota de tu elixir rojizo.

Y te recorro una y otra vez con labios dignos, con caricias de valor personal, egocéntrico.

La falta de oxigeno en mi cerebro da la señal de que los pulmones, atiborrados de este humo maldito, no soportaran con la sensacion del romper de tus células externas, con la exteriorización de tu mas intimo universo… Tomando las ultimas bocanadas de aire elevado me abalanzo sobre tu cuerpo de fantasía, eternas tierras de frutos plasmados en ciencia cayendo justo ante mis aposentos. Ni “los dignos de espíritu” son siquiera capaces de percibirlos y yo los tomo a manos ansiosas, con el solo propósito de provocar tus jugos vaginales, tragicos, irreales.

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