La inspiración de una noche de fiesta y alcohol.
El aroma tenue que carcome mis pensamientos cautiva mi conciencia en una deslumbrante sonrisa. El brillo celestial de lo que en algún momento podría ser tu reflejo invade mis sentidos aterrándolos de miedos y fracasos. Una tan perfecta mirada parecida al resplandor de las estrellas me recuerda a lo imposible que anhelo y que creo que nunca conoceré. Bajo el castigo de los rayos lunares, un nuevo culto a Dios ha nacido con aquella risa.
Es eso que percibo como lo inerte del viento que golpea mi rostro al ver tu figura carismática. Profeta de mis sueños, convierto tu imagen en sueños inalcanzables por la cruda verdad de tenerte tan cerca y no poder tocarte, es como una ansiedad incalculable destruyendo mis más profundos deseos. El presagio del encuentro ha comenzado a delinearse e implica el choque de lo extraño que estoy viviendo. A duras penas soporto este presente aferrándome a la idea de que puedo sentir el calor de tu piel en el futuro.
Encriptando mis emociones, descubro mi ignorancia y mi timidez al estar enfrentado a ti. Buscar refugio de las ilusiones tuvo éxito por unas horas, pero la caída frenética que el golpe de la fantasía puede llegar a dar, me mataría. Sin lugar a dudas el destello en mi creencia no ha estado tan errado y es tu brillo lo que me brinda tranquilidad.
El mismo rocío que expresa tu delicadez es el mismo placer que resalta tu belleza.