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Vestidas para estar en casa

¿Cómodas puertas adentro? Sí. ¿Zaparrastrosas? No. Los diseñadores profundizan en la tendencia y crean especialmente una moda para disfrutar sin complicaciones del ocio divino. Para mirarse coquetas en el propio espejo.

¿Qué es lo que la víctima de la moda llevaría a una isla desierta? ¿Su bolso de cocodrilo que le costó una fortuna o el viejo shetland de los fines de semana? Como todo Edmundo, ella elegiría su viejo pull. Porque con él, no le tiene miedo a nada ni a nadie. Ni a los dictámenes de la moda ni a las chicas más varguardistas. Y sin embargo, a este querido pulóver que tiene desde hace años, mucho tiempo antes de comprar su primer par de zapatos Prada, lo usa solamente en casa.

Cuando estamos en la intimidad, nos vestimos como queremos. Es algo natural, un derecho adquirido. No tenemos que esforzarnos y eso es lo bueno! Jogging holgado, pantuflas, medias enroscadas o jean agujereado… poco importa cuando lo que se busca es el confort. “Nos sentimos en el hogar desde que nos sacamos los zapatos y el tapado, y cuando nos ponemos nuestro viejo buzo”.

Tenemos un profundo apego a esas prendas, porque son como una segunda piel. Adentro de ellas nos sentimos cómodas, nos acurrucamos en su interior y nos dejamos llevar. La mayoría de las veces son apenas presentables. Suave eufemismo! Son verdaderamente horripilantes. Muy molestas para la estética de la persona que vive con nosotras, que, a pesar de su voluntad, jamás podrá acostumbrarse a nuestro querido pijama rosa a lunares azules.

Estar de entrecasa desgreñados ya no es una opción porque la vida moderna implica cada vez más actividades, lo que quiere decir que tendremos que vestirnos un poco…mejor.

Hacemos bricolaje, arreglamos las macetas del balcón, invitamos a amigos, pasamos horas enteras navegando en Internet, montamos una oficina para producir a distancia…

La simple ropa deportiva al fin de cuentas no es suficiente. Nos hace falta un verdadero guardarropa de interior, que tenga grandes pulóveres para regar las plantas, mamelucos para ir al supermercado y pantalones amplios para desplomarse en la silla del escritorio.

La gente se cambia de ropa porque también cambia de personalidad, la vida cotidiana está cada vez más exigente. En nuestra casa ya no nos conformamos con lo primero que encontramos. Elegimos bien qué es lo que nos ponemos.

Siempre al día con las tendencias de la moda, se lanza el inner-wear, literalmente, la ropa interior.

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