En las niñas existe el “complejo de Electra”, un fenómeno que nos convierte en pequeñas mujercitas enamoradas de sus padres.
Muchos psicólogos estudian las relaciones y los sentimientos que fluyen -van y vienen- entre los papás y los hijos, y su repercusión en el desarrollo social. En los niños está el “complejo de Edipo”, ya que viven eternamente enamorados de sus madres -algunos se pasan, ¿no?-.
En las niñas existe el “complejo de Electra”, un fenómeno que nos convierte en pequeñas mujercitas enamoradas de sus padres, que hacen todo lo posible para atraer la atención de su objeto de amor. Con o sin complejos, todo se resume en un amor descontrolado y frágil, como un suflé recién hecho.
La palabra “papá” proviene del latín ‘papás’ y ésta del griego ‘páppas’ u “obispo”. Además se dice que es el acrónimo de ‘Petri Apostoli Potestatem Accipiens’, que en latín quiere decir “el que sucede al apóstol Pedro”.
Igual, sin mucho de religión ni de etimología, papá es una de las primeras palabras que decimos en la vida. Es ese señor que desde que nacemos nos convierte en princesas, herederas no de un castillo ni de un reino, sino de un corazón lleno de amor y de una razón para dar el mejor ejemplo.
Ahora es el turno de ellos. Esos hombres que se mueven como gatos encerrados cuando su esposa está a punto de “dar a luz”, y que no soportan, en muchos casos, presenciar la llegada de sus hijos al mundo, así no sientan el dolor ni la angustia de las madres; esos que nos enloquecen de amor cuando somos chiquitas, y hablo en femenino porque es la única manera de explicar ese sentimiento abnegado que nos une a las mujeres con los papás, los hombres de la casa.
Todo lo que tenga que ver con nosotras desde el momento en que nacemos es indiscutible. Y para nosotras, el que mejor hace todo en el mundo es papá. El que mejor peina, el que mejor nos habla, el que mejor cocina, el que mejor juega, en fin, sería como listar todas las actividades de la vida y ponerles el nombre de “mejor” y el apellido de “papá”. Esta especie de inocencia de los padres es explicable.
Crecemos y la situación se va poniendo no más difícil pero sí más de “grandes”, de raciocinios, de rebeldías e incomprensiones. Es que cuando crecemos todo se vuelve más complicado; las cosas, a diferencia de lo que pensamos, no son más claras con los años, son más borrosas, tienen más manchas y nos quitan un poco de libertad.
Poco a poco renunciamos, sin quererlo, a esos sentimientos románticos hacia el papá y empezamos a dirigirlos a otra -aún nebulosa- figura masculina: el hombre ideal. Cuando llega la etapa de ser “grandes”, los papás se “choquean”, muchos se refugian en sus negocios para hacerse los locos con las decisiones de sus hijas, otros establecen a las mamás como intermediarias de suministro y recopilación de información.
También, están los que se convierten en blindaje para impedir que a sus hijas les pase algo, sin entender que de todo se aprende y que es necesario vivir para crecer. Es ahí cuando les llega la hora de morirse de amor por “Electra” y de estresarse al pensar quién será ese que le robará el corazón a ese pedazo de sus vidas.
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