La muerte de un hijo durante el embarazo, a los pocos días o meses de nacer. Así es como nos sentimos. Queremos pensar que la gente no lo hace por maldad, sino por desconocimiento.
Hasta que llegas a darte cuenta de la pérdida pasan varios meses de llantos, soledad e incomprensión entre la gente que te rodea. Los demás piensan que llorar no calma, que estar sola tampoco. “¿Para qué hablar de esto?”, “remover cómo era tu hijo no te ayuda”, “ver las fotos de tu hijo no calma el dolor, sino que duele más”.
Piensan: perder un hijo no duele tanto, estar así no merece la pena. Pero no saben ni comprenden que el dolor del pecho no se cura con nada, no se comprende con nada; a menos que pierdas un hijo, no sabes cómo duele verdaderamente.
Nadie se puede poner en tu lugar, porque los demás no sienten que tienes el corazón hecho trozos, que no te puedes recomponer tan fácilmente como ellos piensan, que esto va lento hasta que lo empiezas a asimilar.
Que de la noche al día tenías ilusiones, vida, esperanzas, amor, cariño, y en un momento todo se te rompió y te has quedado sin nada y con mucho dolor en el pecho, un dolor que a veces te oprime y que no te deja respirar, un dolor que con sólo ver niños de esa edad te destroza el alma, un dolor que al ver embarazadas te preguntas entre lágrimas: “¿Por qué ella puede y yo no?”.
Cuando la gente te escucha llorar piensa que estás loca. No comprenden que lo necesitas. Nadie pregunta por qué no puedes salir a la calle, por qué te ahogas viendo carros y embarazadas.
Tus amigos curiosamente desaparecen, y te preguntas por qué, si ahora es cuando más los necesitas; ninguno da señales, ni siquiera para preguntarte cómo estás.
¿Que és lo que pasa a mi alrededor? Parece que tengo la peste. Nadie llama por teléfono para saber cómo me siento, cuando estoy completamente para volverme loca. A nadie se le ocurre venir a casa por si le calentamos la cabeza con cosas de mi hijo. Ya nadie se acuerda de llamarte y decirte “vamos a salir para tomar algo”. Todo el mundo siente que sólo hablas de tu hijo que ha muerto. ¿Por qué será?
Nadie quiere hablar del tema. Desde que tu hijo falta, él se ha convertido en el innombrable.
Todo este dolor no se arregla con frases como estas:
“No te preocupes, ya tendrás otro hijo”. Y digo yo: ¿Y este quién me lo repone?
A una viuda le dicen “te acompaño en el sentimiento o lo siento”. Tú jamás oirás un “lo siento”. Te dicen: “eres joven, pronto tendrás otro, no llores”.
“Cuando tengas otro, este se te habrá olvidado”. ¿Cómo voy a olvidarlo con otro, si cada hijo es único?
La gente piensa: “soldado muerto, otro en su puesto”. Pues no. Un hijo perdido no lo reponen ni mil hijos más que vengan detrás.
En el próximo articulo: Qué hacer para luchar contra este dolor.
fue un golpe muy duro. del que uno nunca se recupera
jamas nos recuperaremos de este golpe de la vida..¡¡
jamássssssssssssssssssssss
Hehe, this is one of my favorite blogs. Keep up the good work.