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El dinero y la familia

Aunque el dinero es la herramienta para la supervivencia, la mayor riqueza de una familia no es precisamente su patrimonio económico sino las ganancias obtenidas a través del desarrollo de valores que propicien el buen manejo de las riquezas.

La base de la riqueza familiar es una meta digna para cualquier hombre razonable. Sin embargo, esto va a depender de la condición moral y social de sus beneficiarios.

Tanto los padres como los hijos deben recordar que un legado es más que cuentas bancarias, casas y recuerdos. Muchos padres que no han proveído una herencia material, ya sea por imprevisión o por insolvencia, han traspasado tesoros invaluables a través de su enseñanza y ejemplo. Realmente no hay reemplazo para el modelo que los padres o los abuelos hayan ofrecido de la generosidad y de la rectitud

Esto significa que si el éxito en las finanzas no va acompañado a la riqueza en los valores, las consecuencias son devastadoras. El verdadero patrimonio no está en el dinero sino el uso adecuado del mismo, sin despilfarros, sin ostentación, a fuerza de aprender a vivir con altruismo y entusiasmo, aprendiendo que la felicidad está en la generosidad, en la búsqueda del bienestar solidario y equitativo, conscientes de que los bienes materiales son simplemente recursos o herramientas para vivir mejor pero que las riquezas sin valores es solo dinero

Tenemos que revisar los valores como familias, como individuos y como comunidades.  La vuelta a los valores fomenta una forma de vida más sencilla y práctica, viviendo de acuerdo a nuestras posibilidades

El objetivo de la generosidad es devolver a la sociedad parte de lo que ha hecho posible la creación de ese patrimonio. Esa aportación va permitir el mayor desarrollo de la familia, generando las bases para la creación de nuevos pertenencias. En definitiva, sirve a los intereses de la familia y a los intereses comunes de todos. Todos ganamos.

La actual situación de crisis que vive el mundo entero tendrá que tener consecuencias importantes en las familias y en las instituciones en general y ayudar a las familias a ser más fuertes y más sólidas pero quizá no en términos de ganancias en la bolsa de valores o enriquecimiento de sus capitales patrimoniales sino en que las familias  van a modificar su estructura de valores y prioridades de la vida. Muy posiblemente dejaremos atrás una etapa donde el materialismo ha guiado muchas de nuestras decisiones y ha dejado los valores en un segundo plano, para crear familias y sociedades más solidarias. Aprenderemos a ser mejores. Así, las políticas que persiguen realmente la igualdad de oportunidades en términos de trabajo y desarrollo económico deberán ir unidos a las políticas familiares: a la protección de las familias y el mejoramiento de las condiciones de los más necesitados

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