Los hijos Dios los da.
¿Cuántas veces nos hacemos esa pregunta? y cuando algún chico o adolescente, molesto te dice: “no pedí venir al mundo”, ¿qué haces, hombre? ¿Regando tu semilla a diestra y siniestra? ¿Será que te consideras tan poca cosa que dejas a tantos niños regados, sufriendo la ignominia de tus bajos instintos?
¿Ya valoraste que así viniste tú al mundo: por un tropiezo o desliz desafortunado, por un deseo carnal de un rato, sin medir las consecuencias? ¿Por un malentendido machismo: los que yo tenga es lo que yo valgo, total yo no los tengo que mantener, no es mi obligación, pues ella así lo quiso…? ¡Mentiras, puras mentiras!
Antes que nada debes pensar y analizar el hecho tan hermoso que representa un fruto del verdadero amor. Una realización de tus sueños y estirpe, un tesoro incomparable con sentimientos propios y hegemonía propia que Dios te da para que te responsabilices en orientar, guiar y educar con el ejemplo, encauzándolos por el buen camino de la vida.
Yo creo que nadie que se considere un hombre o mujer cabal no afronta las consecuencias del tesoro tan grande que Dios les da.
Admiro a la mujer que sabe responsabilizarse del fruto de su amor y con orgullo lo tiene y actúa como padre y madre a la vez. Admiro a los padres que le dan todo el apoyo a sus hijos, pues Dios, como nuestro Padre Celestial nunca nos abandona a nuestra suerte; si nos prueba es para fortalecernos, así como el hierro se prueba en el fuego para lograr su temple.
Los padres en todo momento, debemos apoyar a nuestros hijos, guiándolos en lo material y en lo espiritual, sin encerrarse en su egocentrismo o machismo, queriendo ser el foco de atención, sin merecerlos a veces.
Padres, madres, si Dios les regala un hijo, valórenlo y ámenlo. Hombre, no riegues tu semilla creando conflictos familiares. locales o mundiales. En fin, niños o jóvenes que ahogan sus penas con muletas falsas o vanos castillos en el aire, no valorándose a sí mismos de alcohol o drogas, fijándose metas inalcanzables, añorando siempre lo que no tienen.
Recuerda padre y madre, que tu hijo o hija son tu creación y viven de la imitación directa de los padres. ¡Como eres serán ellos! No busques culpables fuera de casa si tu hijo o hijo se desvía, ¡porque simplemente está siguiendo tus pasos… buenos o malos! Tú eres el maestro o maestra.
Roguemos a Dios para que nos ilumine en la educación y sobre todo en la formación de nuestros hijos.
Dios nos creó originalmente a su imagen y semejanza. Después del pecado de desobedien- cia de Adán y Eva al comer del fruto prohibi do cambiaron las reglas del juego, pero en ningún momento se le autorizó al hombre y a la mujer a tener hijos sin la responsabilidad que esto conlleva. Me encanta tu planteamien to tan claro al separar el amor del deseo. Los hijos no deseados lo perciben y viven una vida difícil. ¿Para qué traerlos a sufrir?
Me adhiero a tu petición de que roguemos a Dios para que nos ilumine en la educación y sobre todo en la formación de nuestros hijos.