No hay que sentirse culpable, sólo asumir la responsabilidad.
Podríamos decir que el divorcio es un proceso de cambio doloroso que afecta a una familia. Hay personas inteligentes que llevan el divorcio de un modo constructivo, sin mayores discusiones por el bien de los hijos. Pero hay quienes se enferman ante la impotencia que les produce la separación y, el no poder hacer nada. En este segundo caso, las víctimas suelen ser los hijos que día a día, presencian las discusiones interminables de sus padres.
El modo como cada quien percibe el fin matrimonial, depende de cada persona, algunos pueden manejarlo, otros tienen que buscar ayuda especializada.
En este caso, el especialista debe mostrar la importancia de la buena comunicación y, aunque es díficil, es lo más propicio. Igualmente, es vital evitar en la manera de lo posible, las discusiones y agresiones inútiles y, respecto de los hijos, hay que hacerles comprender que el divorcio es decisión de sus padres y, que ellos no son culpables de lo ocurrido. Es igualmente importante, que los padres que son los que crean los modelos de comportamiento de los hijos y, el llevar un divorcio en paz, ayudará a reducir los efectos negativos en los hijos.
Concluyo diciéndoles que, si desea rehacer su vida debe: