El amor de los padres.
Cuando enciendo el radio o la televisión o veo las noticias en internet, oigo o veo noticias desagradables, como que un padre o una madre olvidaron a su hijo dentro del carro, o que lo dejaron amarrado en casa porque supuestamente ese niño es muy inquieto, o en algunos países abortan a las niñas que porque no son importantes.
¿En realidad no son importantes?… ¿Fue un olvido dejar a su hijo dentro del auto a temperaturas extremas?… ¿Será tan inquieto ese niño como para castigarlo dejándolo amarrado con cadenas?…
Incontables historias de descuidos, de castigos, de golpes, de abortos, rondan el mundo donde los afectados son esos pequeñitos que apenas empiezan a vivir. ¿Nacieron solo para sufrir esos pequeños?… si para eso vinieron al mundo lo mejor hubiera sido no procrearlos.
Recuerdo aquel día en que me dijeron que mi esposa tendría dos bebes y que su vida pendía de un hilo y que los cuidados durante el embarazo decidirían si vivirían o no. Las palabras del doctor retumbaron en mi cabeza como si de una explosión se tratara, recuerdo que dijo que los bebes llegarían a este mundo a los 6 meses de gestación. El embarazo fue muy difícil, idas y vueltas al doctor, estancias de varios días en los hospitales.
Pasaron los días, las semanas y los meses, y efectivamente a los seis meses de gestación el embarazo se complico demasiado y los bebes tuvieron que nacer. Las imágenes que vi fueron desoladoras, los dos pequeñitos cabían en una cajita de zapatos, su peso era muy poco, y las esperanzas de vida de los doctores eran nulas, una semana no sobrevivirían.
En el hospital donde nos tuvieron que trasladar para que los bebes nacieran y tuvieran los cuidados necesarios, había alrededor de 800 bebes con características similares a los míos. De 800 bebes los míos eran los más grabes, se encontraban en un área de cuidados intensivos grado 3, el nivel más alto de gravidez.
Las esperanzas de sobrevivencia eran nulas, y más cuando veíamos que otros niños sucumbían a su lucha de supervivencia. Incontables historias vivimos al lado de otros padres que perdían a sus hijos.
Esperábamos lo peor pero en el fondo hacíamos todo lo necesario para que nuestros bebes vivieran mas. Así pasaron los días. Unos días estables, otros muy grabes, otros con notables mejorías. Pero lo más importante es que la lucha de ellos por vivir era constante y eso lo notaban los doctores y enfermeras.
Durante los meses que estuvimos con ellos en ese hospital, solo los veíamos media hora en la mañana y media hora en la tarde, algo muy difícil de superar. Dormíamos muy poco en un rincón del hospital. Comíamos muy poco ya que el dinero escaseaba y no trabajábamos por estar ahí con ellos. Solo teníamos un cambia de ropa ya que no teníamos un lugar donde dormir ni donde dejar las pocas pertenencias que teníamos. Estábamos a más de 5 horas de nuestra casa y no era fácil regresar por algo de ropa o de comida.
Ahora esos son duros recuerdos que marcaron nuestra vida para siempre. Pasaron los días, las semanas los meses y ahora a casi dos años de distancia esos bebes corren, travesean, juegan, gritan y viven su vida como cualquier otro niño. Sin saber a qué mundo se les trajo ni lo que tendrán que enfrentar después.
Pero el amor de un padre o una madre es lo mejor que tienen esos dos bebes. Son pequeñitos pero saben muy bien que ese amor por siempre lo tendrán no importando si cuando crezcan se van lejos, o si sufren decepciones, se lastiman. Lo importante, lo que se les está sembrando en su mente y corazón es a que el día que ellos tengan sus propios hijos los cuiden mejor que nosotros los cuidamos a ellos en los momentos difíciles.
Qué experiencia más difícil, pero ha tenido un final muy felíz y te felicito por ello. Me alegro de que todo haya salido bien. Es verdad que resulta increíble que se tengan estos descuidos mortales, donde los pequeños acaban siendo las víctimas, es horrible. Los que tenemos hijos daríamos la vida por ellos y parece que nos duele aún más escuchar cosas tan terribles. Un aplauso y un saludo!