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Violencia escolar

El éxito en la lucha contra la violencia escolar debe partir de modelos de trabajo elaborados por el profesorado.

También la agresividad inducida en un grupo o en un ambiente determinado contribuye al fracaso de las funciones de aprendizaje de los componentes del grupo.

El problema se presenta con especial crudeza cuando los comportamientos agresivos adolescentes alcanzan niveles de violencia excesiva, conflicto social agudo e inadaptación escolar y ambiental. Suele suceder, en este caso, que las terapias que se utiliza son bastante inadecuadas para tratar a ese tipo de adolescentes conflictivos.

La mayoría de los centros educativos no pueden o manifiestan, comprensiblemente, algún tipo de rechazo para ocuparse de ellos, y a menudo los padres han de soportarlos en casa. Allí, como es natural, no tienen los cuidados apropiados y hacen la vida imposible a sus familias.

La integración de chicos especialmente conflictivos y de escolares violentos con alteraciones graves de la personalidad ha sido, hasta el momento y en gran parte, un fracaso, ya que se ha carecido de suficientes recursos materiales y humanos.

Si los problemas de agresividad que el adolescente presenta son demasiado graves la realidad es que no existen ni centros adecuados en donde se les pueda dar acogida y tratamiento, ni dotaciones adaptadas a sus necesidades específicas, aunque es ya imprescindible dar una respuesta mucho más apropiada.

Desde el punto de vista de la Psicología Clínica, el refugio adolescente en el mundo de la violencia supone un intento maníaco de superación de la propia debilidad e inseguridad afectiva.

Y normalmente a la inmadurez vital se le suele añadir la incapacidad, de encontrar una identidad equilibrada y adaptada, en esta caso agravada por una deficiente formación intelectual.

Los factores emocionales contribuyen, por otra parte, en algunos períodos del desarrollo más que en otros, a crear situaciones anímicas aún más favorables a la excitación violenta.

Sabemos que el refuerzo positivo de las respuestas agresivas es más eficaz cuando los adolescentes tienen, como suele ser normal en ellos, una excitación emocional aunque sólo sea de carácter moderado.

El estrés y los problemas emocionales de la pubertad representan, por tanto, un apoyo emocional añadido a las actitudes alejadas de los comportamientos pacíficos.

Hay que considerar, también por otra parte, la existencia de un estado genérico de frustración que, en estas edades, puede jugar un papel significativo en los procesos cognitivos y conductuales de adquisición de la violencia, ya que contribuye a aumentar, por su parte, el ya sensible estado de emotividad del individuo.

En definitiva, cuanto más sufre un niño o un adolescente, a causa de sus sentimientos de inferioridad, tanto más se siente a sí mismo como desempeñando el papel de modelos adultos brutales y agresivos, modelos de imitación generalmente proporcionados por el cine, la televisión, juegos de rol y programas de videojuegos.

Un papel superior, poderoso, dominador y, en última instancia, ferozmente agresivo, representados en la industria audio-visual por sujetos descomunalmente musculosos, provistos de armas terroríficas y moralmente autosituados, como en una caricatura lamentable y vulgar del superhombre de Nietsche, más allá del bien y del mal.

Es posible que momentáneamente este tipo de identificaciones pueda aliviar de alguna manera la desorientación e incluso la angustia de quien no sabe hacia donde orientar su vida, pero, a la larga, tales pautas de identificación psicológica pueden llegar a establecer las bases de una grave conducta neurótica.

 

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