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Violencia escolar

El éxito en la lucha contra la violencia escolar debe partir de modelos de trabajo elaborados por el profesorado.

Las palabras “yo”, “no” o “mío” serán, por ello, las más preferidas en los meses iniciales del progreso lingüístico.

Según Anna Freud (1937), el oposicionismo infantil de los dos años podría implicar un intento de, lo que ella denomina, “identificación con el agresor”.

Con la utilización continuada de la palabra negación, el niño se identificaría con aquellos mismos que le imponen restricciones y, de este modo, se imagina hacer prevalecer su propia personalidad.

La actitud agresiva infantil, frente a las frustraciones que proceden de los adultos, va a adoptar la forma de intensas rabietas que comienzan a alcanzar un punto especialmente crítico a partir de los dieciocho meses.

Se establecerá, por tanto, una comunicación de aceptación de los deseos de sociabilidad o, por el contrario, de negativa hostilidad.

A los tres años comenzaba para H.Wallon (1941), con un período crítico de negativismo, oposicionismo y rebeldía, lo que él llamaba “el estadio del personalismo”.

La propia maduración orgánica y el influjo del medio socio-familiar provocan una gran transformación del psiquismo infantil.

Los intentos adaptativos exigen nuevas formas de conducta que todavía no han sido suficientemente ensayadas. Una situación tal implica, necesariamente, un conflicto entre las viejas formas de relación y las nuevas.

Y así, cada estadio del desarrollo psicológico se abre, para Henri Wallon, con una crisis y un conflicto

Y en ese período de tránsito, los logros adquiridos con anterioridad experimentan un proceso de integración con los recientemente conquistados.

Lo que aquí llamamos, como lo hizo Wallon, “rebeldía de los tres años” va a caracterizarse, fundamentalmente, por el deseo infantil de afianzar una identidad que se acaba de descubrir.

Pero para ello tiene que enfrentarse con innumerables frustraciones que se oponen y limitan sus intentos de dependencia y para las cuales no ha desarrollado, todavía, una suficiente tolerancia.

Sus deseos de autonomía van, incluso, mucho más lejos que sus habilidades motoras y lingüísticas. Su capacidad para el autocontrol es muy escasa y los estallidos de rabia y de ira serán, con frecuencia, la respuesta a su propia impotencia.

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