content top

El punto de vista en la literatura

Ayuda para escribir mejor. Desde dónde escribir, cuál es el punta de vista adecuado para que mi texto resulte más atractivo…

J. G. Ballard – Crash

Una semana después del funeral de la cajera, mientras recorríamos de noche el perímetro occidental del aeropuerto, Vaughan viró hacia la cuneta y atropelló a un perro vagabundo. El impacto sordo, como de un martillo acolchado, y la lluvia de vidrio cuando el cuerpo del animal voló sobre el techo, me con-vencieron de que estábamos a punto de morir estrellados. Vaughan no se detuvo. Vi cómo aceleraba mientras se sacudía coléricamente las astillas de vidrio de las mejillas, inclinando la cara cubierta de ci-catrices contra el parabrisas resquebrajado. Los actos de violencia de Vaughan eran ya tan imprevisibles que yo me había convertido en un espectador pasivo. A la mañana siguiente, sin embargo, en la terraza del garage donde abandonamos el coche, Vaughan me mostró con serenidad las profundas abolladuras en el capot y en el techo. Mientras observaba el despegue de un avión repleto de turistas, la cara lívida se le contrajo en una expresión de terquedad aniñada. Las marcas triangulares del auto se habían for-mado con la muerte de una criatura anónima, de identidad desvanecida, inscrita abstractamente en la geometría del vehículo. ¿Cuánto más misteriosas podían ser nuestras propias muertes, y las de los afa-mados y poderosos?

Narrador protagonista + narrador testigo. Además, el mismo Ballard es el personaje narrador, con su propio nombre y apellido.

Hans Christian Andersen – La niña que pisó el pan

Esta es la historia de una niña que pisó un pan un día para no mancharse los zapatos. Todo el mun-do sabe cómo fue castigada por su fea acción, pues ha sido escrita su historia y la han impreso muchas veces. Esta niña se llamaba Ingé. Aunque sus padres fueran pobres, era muy orgullosa y demostraba mal corazón. Cuando aún era pequeña, ya su juego favorito consistía en atrapar moscas, arrancarles las alas y transformarlas en pobres cosas rastreras.

Narrador omnisciente que en sus juicios implica al lector.

Etgar Keret – El chofer que quería ser Dios

Este cuento es sobre un chofer de autobús que no estaba dispuesto a abrirle la puerta a la gente que se retrasaba. No estaba dispuesto a abrirle la puerta a nadie. Ni a los chicos del secundario que corrían paralelo al autobús y le clavaban tristes miradas; ni menos aún a la gente nerviosa con camperas milita-res que golpeaban con fuerza la puerta como si ellos hubiesen llegado a tiempo y fuese él el que estaba en falta; ni siquiera a las viejecitas cargadas con bolsas de papel marrón repletas con las compras, que le hacían señas con mano temblorosa. Y no era por maldad que no habría la puerta, porque este chofer no tenía ni una pizca de malvado: era por ideología.

Narrador omnisciente.

Roberto Arlt – Los siete locos

Hace dos años. No. Tres. Sí, tres años. ¿Cómo se llamaba? María, María Esther. ¿Cómo se llama-ba? La dulce carita ocupa ahora con su temperatura un anochecido espacio de ensueño. ¡Se acuerda de tantas cosas! Él estaba sentado a su lado, el viento movía sus rizos negros, de pronto extendió la mano y entre la yema de los dedos tomó la ardiente barbilla de la criatura. ¿Dónde está ahora? ¿Bajo qué te-cho duerme? ¿Si la encontrara, la reconocería? Hace tres años. La conoció en un tren, conversó algunos minutos con ella durante quince días, y después desapareció. Eso es todo y nada más. Y ella no sabía que estaba casado. ¿Qué es lo que hubiera dicho de saberlo? Sí; ahora se acuerda. Se llamaba María.

Narrador cuasi omnisciente, desde adentro, tercera persona disfrazada de primera. Es el que predomina en esta novela porque, en algunos tramos, cambia de punto de vista y de narrador. Esto parece emular la confusión del protagonista principal.

Patricia Highsmith – Ripley en peligro

¿Había ido él alguna vez en camello? No estaba seguro, aunque la incómoda sensación de ser izado muy alto le parecía tan real y tan arraigada en su memoria que sentía como si hubiera ocurrido. Lo abo-rrecía. Debía ser algo así como mirar hacia abajo desde un trampolín de cuatro metros o más sobre la superficie del agua. ¡Salta! ¿Por qué iba a saltar? ¿Se lo había ordenado alguien? ¿En un campamento de verano? No lo sabía con certeza.

Narrador cuasi omnisciente, desde adentro, tercera persona disfrazada de primera.

20
Liked it
Etiquetas: , , , , , , , , , , ,
votar


Leave a Reply