Giddens, Hoebel, Weber, Macionis, Santos Anaya, Sempere, Reichmann Portes Y Hoffman.
Las principales corrientes de interpretación de la realidad social se derivan de los planteamientos de dos grandes intelectuales del siglo XIX: Karl Marx y Max Weber. La teoría que sostiene Weber en La ética protestante y el surgimiento del capitalismo, es de gran importancia para comprender los postulados de ambos autores.
En La ética protestante, Weber busca responder a la interrogante de por qué a partir del siglo XVII se da un despegue económico, inusitado en la historia, en Europa Occidental, siendo éste el germen del desarrollo capitalista.
La actitud de la acumulación ha existido a lo largo de toda la historia y en todas las sociedades, como un mecanismo para alcanzar niveles de vida elevados y comodidades materiales. Sin embargo, en la Europa de aquella época lo que se puede encontrar es una mezcla de acumulación económica y la ausencia de la necesidad de emplear el dinero para alcanzar lujos y riquezas.
Lo que termina siendo determinante para el futuro desarrollo capitalista es, entonces, la presencia de dos elementos:
Ahora bien, esta segunda idea estuvo profundamente condicionada por un aspecto ideológico: la influencia del puritanismo religioso. Así, los primeros capitalistas precisamente fueron individuos que, desde la versión calvinista del protestantismo, no sólo contribuían con su vocación a la mayor gloria divina, sino que encontraban en su acumulación de capital, sin una vida desordenada, un signo de la predestinación que les enseñaba su fe. Es decir, creían identificar en su éxito económico y su vida austera las claves para explicarse su condición de seres elegidos por Dios para la salvación.
De esta manera, para Weber, las actitudes que se manifestaron en el espíritu inicial del capitalismo eran ideas que procedían de la religión, mas no de una base económica. A diferencia de Weber, Marx busca explicar el capitalismo como un producto histórico que surge como síntoma de la complejización de la sociedad occidental moderna en relación directa con el desarrollo de los medios de producción, es decir, en función de un aspecto plenamente económico, estrictamente material. Por ello, la postura marxista se ubica dentro del materialismo, en su versión de materialismo histórico.