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Gigante, el perro sordo

Esa idea estaba concebida para hacerle más cómoda la vida a los San Bernardo, y en opinión de su amo, para dormir más de 10 horas, reposar otras cuatro y comer, con gran apetito, en el menor tiempo posible.

Cuando paseaba por la playa con mis hijos nos acercamos a un enorme perro San Bernardo que, a los pies de su dueño parecía estar totalmente agotado aquel caluroso día. Su amo, un alegre anciano,  nos contó su curiosa historia.

Se le hará difícil creer a usted que este enorme y perezoso perro haya podido concebir una idea, y sin embargo, hace muy poco la tuvo. Tal vez fuera la primera en su vida, y es difícil entender como se dio cuenta de que la había tenido.

Esa idea estaba concebida para hacerle mas cómoda la vida a los San Bernardo, y en opinión de su amo,  para dormir mas de 10 horas,  reposar otras 4 y comer, con gran apetito, en el menor tiempo posible.

Pero este hermoso perro escucha de vez en cuando la voz de su amo  cuando lo llamaba a trabajar, queriendo decir esto que se le requería para salir a dar un breve paseo por la cuadra. Esto que seria una fiesta para cualquier mascota le parecía a Gigante como una crueldad y digno de un esclavo.

Por lo tanto su idea fue algo así como hacerse el sordo, y nadie podría obligarlo a caminar o hacerlo trabajar cuando el no lo quería. Podría vivir a su gusto. Ese día, cuando puso en práctica su idea, la esposa del dueño del perro le dijo, con pesar, que creía que su perro estaba totalmente sordo. Y existían pruebas de que hacia solo unas horas estaba muy normal, y fue llamado a pasear.

Pero Gigante estaba fingiendo ser un perro sordo. Miro a los dos con cariño y bajo lentamente su cabeza. Le hablaron mucho y cada vez más fuerte, hasta que finalmente, Gigante volvió a dormirse al parecer sonriendo. Pero  unos días después comenzaron a notar que este perro no estaba tan sordo, después de todo. Escuchaba como los mejores cuando el sonido se relacionaba con la comida, y un fin de semana, durante un asado cayo un pedacito de carne al suelo de la sala.

Gigante la escucho y fue inmediatamente, corriendo a ver que sucedía y se trago la carne. Asi es que su amo, en ese momento entendió el origen de su sordera. El perro dejando caer la cola volvió a posesionarse del papel de perro sordo, tan sordo como una tapia.

Tiempo después fue imposible de que Gigante obedeciera para salir a dar un paseo, pero si escucho cuando trajeron el saquito de comida especial, para el, y salio corriendo a recibir al chico del almacén. En ese momento se decidió curarle, de una vez por todas la sordera a Gigante.

El proceder de los amos fue que como Gigante se había quedado ellos se habían quedado mudos, y cuando el estaba presente hacían como que hablaban, pero sn decir una sola palabra.

De primeras, el perro estaba sorprendido, pero no bastaba para curarlo de su sordera, pero pronto comenzó a preocuparse. No sabia si realmente estaba sordo o haciéndose el sordo. Y lo peor de todo es que no sabía si sus amos hablaban de temas relacionados con la comida. Y fue esto lo que más lo preocupo.

El temor a quedarse sin su desayuno hizo que empezara a poner más atención a lo que hacían, y se podría estar seguro de que este animal los miraba mover los labios en busca de alguna señal de comida. Este tratamiento duro algunos días, pero luego se juzgó que ya era hora de devolverle a Gigante su capacidad de oír.

Cuando escucho que lo llamaban a un paseo se le noto como su semblante volvió a ser el normal y se levanto con prisa. Finalmente no estaba sordo. Fue caminando hasta la puerta y con un alegre trote dio una buena caminata de mas de un kilómetro.

Nunca más le molesto la sordera.

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