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¿Qué vino sirvo?

La elección del vino para ese plato especial que has preparado puede darle el toque final de maestría a tu obra culinaria.

Cuando se logra una armonización perfecta entre un alimento y un vino, estos evolucionan y producen sabores inesperados. Ese plato que tantas veces has preparado con unas expectativas normales, puede convertirse en el centro de la conversación en una cena con tus amigos, o en cualquier evento social, solo necesita de una buena compañía. No se debe pensar que este emparejamiento es exclusivo de grandes vinos o de platos solamente salidos de la mano de un chef. Usted puede, con recetas normales y el vino económico adecuado lograr un sutil manjar.

Desde inicio del siglo XIX algunas parejas se convirtieron en clásicas, sobre todo alabadas por los cocineros franceses, eran famosas: caviar y champagne, lenguado con borgoña blanco, entre otras. Se arraigaron ciertos principios básicos: vino blanco con pescados y el tinto con las carnes rojas. A pesar de lo obvio que puede parecer esta asociación para muchos, toda regla tiene su excepción. El color del vino no es suficiente para decidir su elección en la mesa. Es necesario considerar la potencia, los aromas y la acidez. Es preciso además decidir con antelación quien será el protagonista del evento. Si la atención central es ese gran vino con el que quieres sorprender a todos, entonces lo que debes hacer es decidirte por un plato sencillo.

La ocasión, según la estación del año, son los primeros datos que debes considerar. En verano, se agradece mucho un vino blanco ligeramente afrutado, mientras que en invierno son ideales el calor de un tinto robusto o un blanco con carácter. Si disfrutarás del vino a secas, lo mejor es uno no muy dulce y de carácter neutro; por el contrario si estás sirviendo un aperitivo, el vino se beberá en pequeñas cantidades, por lo tanto asegúrate de que tenga un carácter pronunciado para que el paladar se concentre en los platos que vienen después.  A continuación algunas sugerencias, algunas clásicas, otras regionales y otras recientemente descubiertas que demuestran que no hay nada científico en los maridajes y mucho menos ninguna regla inmutable.

  • Bistec a la parrilla: chénas, margaux, cabernet sauvignon, hermitage, chianti reserva
  • Buey asado: rioja reserva, ribera del Duero, mercurey tinto, pomerol
  • Estofado de buey: fitou, cariñena tinto, corbiéres
  • Solomillo: tinto de Navarra, saint-emilion
  • Callos: penedés semiseco o chardonnay, corbiéres
  • Caracoles: rueda, sancerre, borgoña aligote
  • Carne a la parrilla: rioja, cabernet sauvignon, zinfandel californian
  • Caviar: cava, champagne, borgoña blanco
  • Cerdo asado: anjou, barbera, douro, blancos: riesling de Alsacia, gewurztraminer
  • Champiñones: pomerol, y gran parte de la variedad pinot noir, borgoñas y merlot
  • Chicharrones: tinto seco ligeramente ácido
  • Chocolate: málaga, banyuls, Maury, moscatel, oporto
  • Comida China: vinos rosados secos o semisecos, moscatel seco, sauvignon, riesling, gewurztraminer
  • Comida Griega: rioja tinto, tinto griego, shiraz, cabernet australiano, zinfandel californiano
  • Conejo: rioja, mercurey, borgoña, pinot noir, tavel
  • Ensalada: blanco o tinto ácidos
  • Guacamole: cabernet sauvignon mexicano o chardonnay californiano
  • Hamburguesas: chianti, tinto del sur
  • Hígado: chianti, cabernet sauvignon chileno
  • Langosta: cava, champagne, blanco rioja, borgoña blanco, hermitage blanco
  • Marisco: jerez seco, blancos gallegos
  • Pizza: tintos o rosados de Rioja, Navarra, Cataluña, Aragón

En la práctica los gustos y las cocinas evolucionan y muchas de las asociaciones que hoy consideramos clásicas no lo serán tanto mañana. La idea es familiarizarse con las características del vino y del plato que se sirve, no verlos en ningún momento separados, siempre juntos.

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