Los ojos de los satélites artificiales todo lo ven; sin embargo, es necesaria más cooperación internacional para erradicar el hambre y prevenir efectos de catástrofes naturales.
La tecnología satelital se ha perfeccionado en los últimos tiempos, de lo cual dan fe las páginas en internet en las que podemos observar en detalle territorios y ciudades además de mares, océanos e incluso la Luna y Marte.
Aquel lejano 4 de octubre de 1957 la entonces URSS lanzó el Sputnik 1, primer satélite artificial de la historia; desde entonces esa tecnología logró avances que repercutieron en ciencia, comunicaciones, estrategia y desarrollo económico, entre otros sectores.
Mediante sistemas satelitales los científicos pueden hace mapas de geomorfología y vegetación en forma mucho más precisa y rápida que con el uso de la aerofotografía, optimizando los recursos agrícolas, en especial en los países en fía de desarrollo.
Los primeros satélites puestos en órbita con esta finalidad fueron los del programa Landsat, de la NASA y el US Geological Survey, en 1972, 1975 y 1976. Estas imágenes son almacenadas a partir de estaciones receptoras, las primeras de las cuales estaban ubicadas en EEEUU, Canadá, Italia y Brasil. La República Argentina se integró a esta red con la estación receptora de Mar Chiquita, a unos 40 kilómetros de Mar del Plata.
Este programa permitió tomar imágenes digitales que permiten conocer el planeta y evaluar los cambios que se han producido a partir de procesos naturales y la actividad del hombre.
La importancia de estos relevamientos se destaca si observamos la cantidad de seres humanos que mueren a causa del hambre en el mundo, ya que es posible optimizar la evaluación y administración de los recursos agrícolas, posibilitando así el avance en cálculos de producción de cultivo.
Sin embargo, muchos países en vías de desarrollo no cuentan con la capacidad técnica para analizar estos datos. Aquí se destaca el rol de los satélites del proyecto Landsat, que pueden dar estos datos a muy bajo costo.
Las cosechas agrícolas, por ejemplo de trigo, maíz, sorgo, girasol y soja, pueden planificarse utilizando informes climatológicos y meteorológicos.
Otra aplicación de esa tecnología es la vigilancia y estudio de la desertización. Una zona en la que su uso es imprescindible es la del Sahel, que está entre el desierto del Sahara y el bosque africano que linda con el Océano Atlántico; allí hubo varias situaciones críticas a nivel social, como la hambruna que en 2005 afectó a unos ocho millones de personas; uno de sus picos de desertización fue en 1972, después de cinco años de sequía.
El programa Landsat permitió descubrir napas de agua subterránea que ayudaron a paliar el problema aunque no de manera definitiva.
En los años anteriores a la implosión de la URSS este bloque y Estados Unidos eran los únicos que contaban con redes satelitales que permitieran analizar la superficie terrestre y marítima del planeta.
Hoy otras naciones lo hacen, pero no parece haber una advertencia a la sociedad de fenómenos atmosféricos que causan desolación y muerte, como tsunamis, erupciones volcánicas y otros.
Si bien hay cooperación internacional en datos meteorológicos, ésta debe ser mayor, unida a una comunicación que permita tomar medidas de prevención ante situaciones que, si bien no pueden evitarse, pueden controlarse en cuanto a sus efectos sociales y económicos.
La tecnología y la solidaridad entre países permitirán salvar vidas humanas, la mayor riqueza con la que contamos, que no puede ser repuesta ni reemplazada en caso de pérdida, afectando nuestro presente y nuestro futuro.
Muy bueno! Si la tecnogía y la humanidad se alían con la naturaleza, seguramente se podrán paliar muchos de los males que sufre nuestro planeta..Saludos cordiales.
Es de esperar que en el futuro cercano toda la tecnologia este al servicio de la humanidad.
Muy bueno.
Saludos