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El pensamiento de los insectos

Es posible que su conducta sea sólo una simple reacción, dice el profesor Bouvier.

En “La vida síquica de los insectos”, del profesor Bouvier, se dice que no existe ninguna razón para que se le atribuya inteligencia a los pequeños seres alados, aunque en cierta ocasiones, aparentemente pareciera que están haciendo las cosas en una forma racional.

Es posible que su conducta sea solo una simple reacción, dice el profesor Bouvier. Pero un lector, interesado en el tema envío al profesor una carta con un ejemplo de raciocinio de los insectos, que según el, no podía desconocerse tal livianamente, y lo que le contó fue una experiencia de un investigador ocurrida en el año de 1899.

Mientras trabajaba en una obra dedicada al conocimiento de las larvas, un investigador tenía en su casa una avispa. Una noche, bastante tarde, el científico realizaba experimentos en su laboratorio con algunos reactivos químicos. En ese instante se resbalo en un naipe tirado en el suelo que representaba al nueve de diamantes, y luego fue a tropezar con un fichero de tarjetas con los nombres y ubicaciones de todos los ejemplares de larvas que necesitaba conocer, las cuales se desparramaron portadas partes.

A esa hora, que ya estaba muy cansado para comenzar a recogerlas se fue a acostar y observo que la avispa volaba describiendo círculos sobre las fichas tiradas en el suelo, y el doctor se dijo para si mismo que era de esperar que su amiga avispa tuviera a bien recogerlas. Después de celebrar su broma se retiro a su cama.

A la mañana siguiente encontró a su avispa depositada en su cajita, supuestamente agotada de cansancio, ya que para el investigador, no le faltaban razones para estar cansada, ya que en el piso estaban las fichas tal como habían caído. Este fiel insecto había estado volando encima de ellas toda la noche tratando de tomar una decisión; si las debía recoger o no. Finalmente decidió que como sus conocimientos de las larvas eran muy escasos, a menos que fueran las de avispa claro, habría dejado un desorden horrible si se ponía a arreglarlas. Por esta razón las dejo, como estaban en el piso hasta que el volviera a clasificarlas. Triste y cansada se acostó en su caja y se puso a llorar hasta que la venció el sueño.

Por último, la carta le decía al profesor Bouvier que si esto no contradecía su tesis de que los insectos no tenían ningún poder de razonamiento nada de lo que se dijera podría contradecirlo.

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