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Una clase para la vida

Conocimientos que no dan créditos pero igual se agradecen.

Esta es la forma en que un hombre dio una de las mejor lecciones para su vida a un joven que hasta ese momento pensaban tenerla resuelta. Era parte de un grupo de empresarios, egresados de la UNAM, que para mayor reconocimiento, impartían su curso con el único interés que agradecer a la máxima casa de estudios en México por haber egresado de esta.

Impartía un curso sobre cálculo integral, aparentemente como cualquier otro. En un grupo de alumnos con un nivel socioeconómico muy diverso, cierto día propuso resolver algunos problemas fuera del alcance de sus capacidades, para ello formo parejas definidas de antemano por el. Una de estas muy particulares.

El apellido de uno de los chicos lo decía todo, hijo de un político muy reconocido, poco fue el esfuerzo que lo llevo a esas instancias. Su compañero, joven de clase media, autodidacta, obsesionado por el reconocimiento de los demás. Es confuso saber si fue la indiferencia de uno o el protagonismo de otro lo que orillo a que el segundo resolviera con todos los esfuerzo que esto conlleva, aquellos problemas.

Al mencionar los resultados el profesor felicito al futuro político por el excelente trabajo, después se acerco al otro joven y le replico un trabajo apenas suficiente.

Este estaba furioso, exigió una explicación a su profesor, después de todo el había hecho todo el trabajo. Una vez calmado, le dio su observación. Reconocía la capacidad en este, y por eso le pedía un mayor esfuerzo, en su compañero no encontraba mayor esperanza que hacer uso de la posición social que le brindaba su padre.

Poco fue el tiempo que transcurrió para recibir una nueva oportunidad, la única condición era simple, tener el mismo compañero. Doble fue el esfuerzo, como doble su obsesión por no dejar espacio para errores, no había duda, era imposible reprocharle algo en aquel trabajo.

Como si fuera un mala copia del pasado, el maestro dio los resultados, nuevamente apenas era suficiente. Imposible contener la ira, se abalanzo sobre el maestro al mismo tiempo que le gritaba no sentir ningún interés por su sicología barata, poco le importaba si creía o no que podía dar más. Únicamente exigía recibir la calificación justa por el resultado de aquel trabajo.

“te equivocas”, replico el profesor, esta vez el mensaje no es que puedes dar mas. El mensaje es tan simple como lo que vas a encontrar afuera. En tu trabajo como en tu vida a veces no será suficiente ser el mejor, alguna vez estará primero un familiar del jefe, en otras el amigo de alguien.

El joven estaba confundido, ¿qué le quería decir?, entonces no importa cuánto te esfuerces, ¿nunca será suficiente? “No“, aclaro el profesor, te estoy diciendo cuanto deberás sobrepasar para poder ser el mejor. Te estoy diciendo que no importa cuántos conocimientos tengas si al primer obstáculo, sea justo o no, te das la vuelta.

Tienes dos opciones ante la vida, la primera bastante sencilla. Solo deja de esforzarte, no te preocupes por la mediocre vida que llevaras, bastara justificar que la vida no es del todo justa. O puedes dejar de quejarte, levantar la cabeza y seguir adelante.

Hoy disfruto más que nunca mi trabajo, y he logrado casi erradicar la costumbre de quejarme. Desgraciadamente perdí el contacto con aquel hombre, pero me encantaría que supiera cuanto me han servido este y otros consejos que me brindo. Espero tengan un lindo día y pocas cosas de que quejarse.

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