¿Son nuestros problemas reales en sí por su naturaleza, o son el disfraz de un problema interno aún mayor que aprovecha la oportunidad para manifestarse? Esa angustia, o bronca, o dolor interior, puede muchas veces manipular situaciones externas utilizando diferentes tipos de transportes…
¿De qué devienen nuestros “problemas” cotidianos? ¿Son siempre estos problemas reales en sí para nosotros? A primera vista uno diría que todos los problemas son problemas reales… Pero una mirada mas minuciosa al asunto puede convencernos de que en realidad muchas veces utilizamos el problema de la vida cotidiana como “excusa” para poder manifestar lo que realmente nos pasa. Podría decirse que una gran mayoría son disfraces de un problema que radica en nuestro interior, de su “fuerza” reprimida, y que se manifiesta apenas ve una oportunidad.
Esta energía o fuerza es la que necesita salir. Y puede adaptarse a cualquier situación que crea similar o conveniente, necesita un transporte que la mueva. Nuestro inconsciente necesita que se haga conciente lo que tiene para decirnos. Angustia, enojo, bronca, y muchos sentimientos más se agolpan adentro e intentan materializarse. Por esta razón, en muchos casos cabría preguntarnos: ¿es la razón de mi enojo la causa misma que me hace enojar? ¿Es el dolor que siento por algo, razón misma del hecho que me “causó” dolor? Es sorprendente la cantidad de veces que nos enojamos por una u otra cosa, y tiempo después la recordamos quitándole valor, importancia.
Esto es porque ya no tenemos internamente una fuerza que necesite salir a la luz. Peleas con nuestros padres, o nuestra pareja, por lo general comienzan con una “tontería”. Lo lógico es que una tontería no genere un problema, claro está, por su condición de nimiedad. Sin embargo, la gran mayoría de los conflictos entre las personas comienza por estas razones, tan poco importantes.
Como ya dije, una persona es la consecuencia de la experiencia de sus cinco (o seis) sentidos, con sus correspondientes procesamientos psíquicos. Tal vez por esto haya siempre que preguntarse: ¿Por qué? Cuando nos hagamos esta pregunta vamos a tener solucionado la mitad de lo que nos aqueja, y si hallamos la respuesta, seguramente, casi completa la otra mitad.
Me recordó a Osho, en el sentido de que un problema es tal porque no sabemos exactamente de donde proviene, pero al hacer consciente dicho problema, ya no lo es. De alguna manera, la gente automatiza todas sus conductas sin siquiera preguntarse de su origen, y esa bola de nieve que se forma al final, da comienzo a los cuestionamientos o enfermedades que se manifiestan en las personas. Una clave es estar atentos a cada reacción, y hacernos responsables así de nuestros actos.