Cuando era pequeña y me quejaba por cualquier cosa, mi madre siempre decía “piensa hija que siempre hay quien está peor que tú” y nunca me consolaba, así que me inventé otra solución.
Cuando estoy triste, me siento desgraciada, pienso que todo lo malo me ocurre a mí y que no me pueden ocurrir más desgracias, que sufro y sufro… hago un gran esfuerzo de voluntad y pienso en todos los placeres que he disfrutado. Al final acabo mucho más animada.
Estos son algunos placeres que me alegran la vida:
- la carita de mis bebés dormidos, en sus primeras horas en este mundo
- el abrazo de mi hijo, de mi hija, sus manitas rozándome, su cuerpo acurrucadito en mi regazo
- la mirada orgullosa, tierna, enamorada de mi marido al verme con un vestido nuevo, su abrazo tierno después de hacer el amor
- aquel beso en la frente tan especial
- el aire en mi cara volando cerca de las nubes
- ese aterrizaje en medio de la nada tras mi primer vuelo sin motor de más de 100 kms.
- las olas del mar en un día de verano revolcándome en la arena
- ese ansiado día de vacaciones
- volando sobre las nubes
- conduciendo sola escuchando mi música favorita, brillando el sol, la carretera para mí
- esquiando por la nieve polvo giro tras giro, veloz, sin final
- la carita de mi perro
Y tantos y tantos más que no acabaría nunca.