Aprendamos a no producirnos tanta culpa.
La culpa nos genera una suerte de corrosión interior que se parece a la de los metales cuando comienzan a oxidarse. Cuando nos culpamos, es porque no podemos aceptar alguna conducta o comportamiento inapropiado y por lo tanto el sentimiento de culpa sigue vigente y actualizado.
Por medio de la repetición de los pensamientos de culpa, sólo conseguimos que la misma se mantenga permanentemente viva en nuestro presente, aunque provenga de algún hecho del pasado.
El perdón nos libera y la culpa nos encarcela en el odio y el resentimiento. Si puedo perdonarme por mis errores, va a ser posible que pueda perdonar a los demás.
Perdonarse significa ser responsables por nuestros actos y por un verdadero arrepentimiento que nos lleve a una nueva conducta. Es fundamental comprender que somos imperfectos y que, precisamente por eso, la perfección escapa a los seres humanos.
Mientras que el perdón nos hace más libres, la culpa nos estrecha y limita.
Con la culpa estamos cada vez más atrapados en las redes de la mente tóxica y parlanchina, mientras que con el perdón las redes comienzan a romperse.
Así es Psicobelleza, tienes toda la razón, la culpa ha sido uno de los grandes males del ser humano, motivo de guerras absurdas.
saludos.