En la medida en que consideremos que siendo libres podemos construir un futuro mejor, llegarán los cambios que necesitamos para una mejor calidad de vida individual y social.
Uno de los bienes más preciados del ser humano, la libertad, es un valor que no debe ser tomado “en contra de” sino “a favor de”; en la medida en que así sea considerada, producirá cambios positivos en cada individuo y en la sociedad.
Algunas veces se enfatiza la finalización de un ciclo histórico o aspecto negativo, del cual una sociedad o grupo se libera (no siempre de manera pacífica), vinculado a menudo a un gobierno, Estado o norma legal.
Esta idea de la libertad “en contra de” no es la que sostenían los filósofos tanto de la antigüedad como de tiempos posteriores, quienes la veían como una de las grandes posibilidades del hombre para avanzar en la búsqueda de la Verdad.
En la medida en que la libertad se presenta asociada en forma exclusiva o predominante a la finalización de un ciclo negativo se va limitando hasta llegar a atrofiarse.
La libertad de pensamiento aparece en algunos análisis como reacción lógica ante una opresión gubernamental que impone la ideología única; la libertad de empresa está contrapuesta a la economía regulada o estatista y así sucesivamente, con lo que algunas declaraciones de derechos aparecen como defensa jurídica contra una hostilidad externa.
Toda revolución, muestra la historia, se hizo para terminar con una opresión dominante y el grito de libertad estuvo en las gargantas de las multitudes que las impulsaron, perdurando incluso en las letras de himnos nacionales, como el argentino. Pero una vez obtenida la liberación de cadenas opresoras es necesario construir un futuro positivo, en el que la libertad sea uno de los valores clave a sostener y defender.
La libertad debe ser rescatada e impulsada como un valor para la realización del ser humano. Toda revolución, todo cambio, necesariamente lleva a dejar atrás una estructura política, social o económica opresora para encontrar un nuevo camino.
Esta posibilidad que se abre debe constituir una verdadera opción de liberación, evitando caer en un totalitarismo que frustre las expectativas de quienes han creído en ella.