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Esclavos de nuestra mente

La mente parlanchina es la principal responsable de nuestro sufrimiento.

Se suele decir que nosotros no tenemos una mente, sino que la mente nos tiene a nosotros. Esta frase representa, de alguna manera, la dependencia o esclavitud en la que se encuentra el ser humano. Cuando nos creemos todo lo que pasa por nuestra cabeza, significa que estamos plenamente identificados con nuestra mente. Esta identificación total con la mente es muy común en las personas que padecen enfermedades mentales.

Por lo general, no estamos totalmente identificados con la mente, pero existe una identificación muy significativa. Cuando hablamos de identificación, nos estamos refiriendo a lo apegados que estamos con los pensamientos o ideas que pasan por nuestra mente. Esto quiere decir que no existe distancia o separación.

El hecho de estar permanentemente adheridos a la mente, nos hace esclavos de la misma a tal punto que puede convertirse en una gran tirana que nos conduce, muchas veces, a generar un sinfín de sufrimientos.

Poder tomar distancia de la mente, implicaría no creerle todo lo que nos dice y escucharla como un testigo que presencia algún hecho, pero sin hacer ninguna intervención o emitir juicios.

Intentemos escuchar a nuestra mente parlanchina, sin juzgarla, condenarla ni reprimirla, recordándonos que son sólo ideas o pensamientos. Dejemos que la mente se mueva como desea, pero observándola. El hecho de observarla como un testigo, significa que no llevaremos a la acción todo lo que la mente nos dice. Si la observamos con constancia, comprobaremos que día a día nos empezará a afectar mucho menos las ideas, imágenes o pensamientos que la mente genera.

Cuenta una vieja historia que un hombre estaba torturado por un montón de pensamientos tóxicos que le fueron hundiendo poco a poco en una depresión.  Pasaron veinte años y ese hombre llegó a ser conocido como un gran maestro espiritual. Pero uno de sus discípulos se enteró del pasado de su maestro y un día le preguntó: ¿Es cierto que usted estuvo muy deprimido hace muchos años?

Sí, le contestó, hace veinte años mi mente tenía muchos pensamientos tóxicos que yo tomaba como una verdad absoluta. Me encontraba muy apegado a mi mente. Después aprendí que si la mente me traía  ideas tóxicas o destructivas, ya no iba a creer en ellas ni darles ninguna importancia. Comprendí que es fundamental tomar distancia de la mente, para que no nos afecte.

Cuanto más distancia tomemos de la mente, esta dejará de ser nuestro tirano para convertirse en un hermoso instrumento. Entonces la mente va a estar bajo nuestra disposición, para cuando la necesitemos.

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