Esclavitud social y emocional.
Ya perdí la cuenta de los libros de autoayuda que he leído en búsqueda de cumplir deseos universales: salud, dinero y amor, al menos eso creía que era lo que buscaba.
Hace poco descubrí que los seres humanos más bien podemos resumir nuestra “busqueda” en ser libres. Pedimos salud para poder ser libre de correr una maraton o tener un excelente desempeño físico en cualquiera área de nuestras vidas. O la libertad de vivir 100 años si así lo decidieramos.
Queremos amar y si se pudiera a más de una persona, si nuestra sociedad legalmente nos diera esa libertad. O amar libremante sin importar sexo, edad, color y raza.
Y el dinero bendito dinero, que ílusamente en algún momento de nuestras vidas estúpidamente creemos puede comprar los dos deseos anteriores. Además queremos más dinero para dejar tu trabajo si este no te gusta, dinero para viajar a donde quieras con quien quieras y como quieras, en fin, dinero para comprar cualquier cosa que nuestra imaginación ególatra se le antoje tener.
He dejado de perseguir el amor, la salud y dinero, porque son los detalles palpables del verdadero deseo: ser libre.
Deseo ser libre sin condiciones de lo que mi madre, mi padre, mis hermanos, mis amigos o enemigos, maestros, compañeros de trabajo y toda aquella persona que “esculpió” mi creencia en como “debían ser las cosas”.
Pero lamentablemente no todos pueden o quieren ser libres. Las normas y las reglas de conductas sociales y emocionales son válidas para aquellos que no tienen el coraje de vivir su propia vida y es más sencillo que otro la gobierne.
La vida es como una cárcel en donde somos reo y carcelero al mismo tiempo, pero nuestra hipocresía social es incapaz de reconocerlo. Yo por mi parte he apelado a mi libertad y antes de “salir” estoy aprendiendo como ser libre nuevamente y recuperar la inocencia muy natural de un niño que llega a un mundo limpio y no condicionado.
Conciencia de libertad, mi más grande deseo.