En algún momento crítico de nuestra vida nos hacemos esta pregunta. ¿Para qué?, ¿qué hago aquí?, buscando una razón que nos mantenga en la lucha de nuestra guerra personal.
Cuando comprendí sus vidas aprendí a hacer el inventario de mi vida, yo no íba a algún grupo de ayuda, me tenía a mí sólo y a Dios, así es que él fue mi terapeuta. Hice la historia de mi vida, ví que en general había sido bastante buena, salvo por esos episodios que me tocó experimentar, y lejos de que mis pensamientos se volvieran negativos, reuní toda esa fuerza para formar mi carácter, para enfrentar la vida con mucha más fuerza y voluntad, no podía ser de otra manera, no lo permití.
En mi lucha he encontrado he tenido flaquezas, pero siempre hay algo que me vuelve a empujar, un acto de vida, de fuerza y valor, como aquel día que iba rumiando mi coraje por la calle, quejándome de todo, amargando mi vida, afectando ese carácter alegre y bonachón que había heredado de mi padre, me decía: “¿Por qué Dios, por que me limitas tanto?, ¿¡por qué no me das mas motivos para seguir viviendo!?, cuando de pronto voltié hacia un lado por la calle, cuando un hombre sin piernas iba sentado sobre un caja con ruedas, una enorme polea con la que daba moción a su transporte, su brazo desarrollado por tanta fuerza y tanto movimiento que realizaba, quizá por muchos años.
El sol le caía a plomo, su cuerpo bañado en sudor pues sólo cubria su cabeza con un pañuelo, subía una inclinada calle de pendiente irregular, cuando nuestra miradas se toparon, me regaló una sonrisa, como diciendo: “hay la llevo ¿no?, casi lo logro”.
Se la regresé medianamente, como en automático. Me moría de verguenza por dentro.
¿Cómo era capáz de exigir si tenía todo a mi alcance? Todas las herramientas para que triunfara estaban a mi alcance, aún más después de mirar a ese hombre, quien no veía un sólo límite en sí mismo para llegar a donde quisiera, y yo, completo, ¿no era capaz de llegar a algún lado?.
Así como esta tuve muchas lecciones de humildad, de lucha por la vida, de que no hay límite más grande que aquel que nos imponemos nosotros mismos.
Seguro tengo mi tarea, una misión o varias de ellas que lograr. Hoy sé que seguirá habiendo obstáculos cada vez más grandes, pero de la misma forma mi fortaleza, mi mente y mi corazón también lo son.
Que no te distraigan las malas rachas, es mucho más fácil sentirte mal y dejarte llevar por lo negativo, que cambiar nuestra mente y luchar contra ello.
Búscalo dentro de tí, tu misión es muy importante para todos, ¿lo sabías?
Muy bueno.
Para mi la misión de todos en la Vida es simplemente el Amor, solo el Amor nos hace mejores y Felices.