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¡Todo lo que creas puedes hacerlo!

Todas las personas tenemos un gran potencial. Debemos darnos la oportunidad de poder volar.

Hay una fábula que me encantó y quiero compartirla con usted:

“Había una vez una gaviota que vivía en la costa oeste de Irlanda cuyo nombre era Jake O’Shaunessey. Jake era una gaviota saludable, atractiva e inteligente, pero no podía volar.

Cuando era sólo un pajarillo, los padres y hermanos de Jake se habían perdido en una fuerte tormenta y nadie más le había vuelto a enseñar.

Se hizo mayor y decidió intentar aprender solo. Miraba a otras gaviotas y las imitaba. Corría por el suelo y aleteaba saltando arriba y abajo, intentando alzarse en el aire, pero no pasaba nada, y las gaviotas jóvenes se reían porque era muy divertido verle.

Algunas de las gaviotas más jóvenes intentaron enseñarle, pero cada una le explicó a Jake una manera diferente de aprender a volar, y Jake intentaba pensar en todas las formas que cada una de las gaviotas le había dicho:

-Mueve más las alas, pon los pies atrás, la cabeza erguida.

Y todas las demás instrucciones. Pensaba tanto en todo lo que los demás le decían que no era capaz de despegar del suelo. Empezó a creer que le pasaba algo, que nunca volaría.

Intentó ir a la cima de un acantilado y saltar desde él, pero lo único que hizo fue caer hasta el fondo. Fue a un acantilado más alto, sobre el mar, cerró los ojos, y saltó. Otra vez, volvió a caer. Otras gaviotas se compadecieron de Jake e intentaron cuidarle. Pero esto le hizo sentirse más abatido que nunca. Se sentía como un lisiado.

Un día una gaviota muy vieja y sabia llegó volando hasta la costa oeste dónde vivía Jake. Escuchó el problema de Jake y le dijo que subiera a la cima de un acantilado especial, el más alto y empinado.

En la cima de este acantilado encontraría una gran roca, y en esta roca había escrito un mensaje secreto. Éste era el mensaje que necesitaba Jake para poder volar, le dijo el pájaro sabio.

Ninguna gaviota había subido nunca a ese acantilado tan empinado. Jake tuvo que atarse estrellas de mar a los pies para que le ayudaran a agarrarse. Subió lenta, dolorosamente, y finalmente llegó a la cima. Vio la gran roca. En ella estaba escrito «Lo que creas, puedes hacerlo».

Jake miró abajo del vertiginoso acantilado y estaba aterrorizado, pero cerró los ojos y saltó. Empezó a caer, y en esos momentos recordó decirse a sí mismo:

-Creo que puedo volar, creo que puedo volar.

Estaba tan ocupado diciéndoselo a sí mismo que se olvidó de dudar de sí mismo. En lugar de prestar atención a todas las cosas diferentes que le habían dicho que hiciera, simplemente las hizo. Y se encontró volando, volando como cualquier otra gaviota, con las alas extendidas, deslizándose sobre el viento.

Fue el momento más maravilloso de toda su vida. Voló y se sumergió en el agua y no se preguntó ni una sola vez si lo estaba haciendo bien. Más allá en la arena, las otras gaviotas que le estaban mirando, le oían cantar:

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