Hablemos un rato respecto a tu marido. De antemano te digo que lo voy a defender. No porque quiera hacer el papel ridículo de protector masculino.
¿Por qué tu esposo no actúa como a ti te gustaría?
Porque es diferente a ti.
Aunque no te lo diga, centra su existencia en conquistar.
Le motiva estar en la cima. tener prestigio, dinero y poder.
Te lo confiese o no, necesita sentirse dirigente; sobre todo en su familia.
Si quieres hacerlo feliz, DALE SU LUGAR COMO LÍDER. (así empiezan mis problemas de popularidad con algunas de mis lectoras).
La respuesta de muchas mujeres casadas es:
¡Jamás! Él no es más inteligente que yo. Suena absurdo que deba aobedecerlo o dejar que me gobierne. Es antediluviano pensar en jerarquías familiares, porque todos somos iguales.
Cuando escucho ese discurso, apoyo el codo en la mesa, me detengo la cabeza con una mano y suspiro.
¿Por qué nos cuesta tanto trabajo comprender un principio tan simple?
Tú y tu marido son personas igualmente valiosas. ¡Sin duda! Se complementan. Pero la obediencia de una mujer hacia su
esposo no es una cuestión de valor, dignidad o inteligencia, sino de simples funciones administrativas.
En un país no puede haber dos presidentes.
Eso sí: Existe el presidente y el asesor principal del presidente.
Con mucha frecuencia el asesor es más preparado, creativo y capaz que el mismo presidente, pero, repito, cada uno tiene sus funciones. Incluso me atrvería a decir que no se hace nada en el país sin que el asesor presidencial lo autorice y lo aconseje. Aún así, el mandatario máximo da la cara, recibe los aplausos y las críticas.
Si te has dado cuenta, tu esposo no puede o no quiere tomar muchas decisones sin antes preguntarte qué opinas. Sabe cuan útil es tu criterio, aunque después no lo reconozca y te quite el mérito. ¿Pero qué importa? Tú no tienes esa necidad de poder y reflectores que él tiene. Lo que a ti te interesa son los buenos resultados. Así que deja de rasgarte las vestiduras y acéptalo de una vez: A menos que enviudes o divorcies, y te quedes sola dirigiendo el hogar, tú no eres la presidenta. Eres la asesora principal del prsidente, y aún si tu marido estuviera en silla de ruedas, fuera parapléjico, quedara imposibilitado, tuviera menos educación, se hallara desempleado o ganara menos dinero que tú, seguiriía siendo el presidente.
Ese es el primer fundamento conductual del matrimonio.
A final de cuentas, y no es cinismo, sabes que las ideas cardinales rectoras de tu hogar provienen de ti.
No luches por tener más autoridad. Entrarás en una batalla cruenta. Si logras ganarla, sólo conseguirás que él se sienta deprimido, se vuela hostil y eventualmente busque una amante que sí lo haga sentir presidente.
¿Absurdo? ¿Irracional? ¡Estoy de acuerdo!, pero no estamos tratando de arreglar el muno, sino de comprenderlo. (continua …)
