Dicen que los hombres no leemos. Tú y yo somos la mejor prueba de que eso es mentira.

Me agrada que seas un hombre casado, igual que yo, porque cojeamos del mismo pie.
Tenemos tentaciones similares y esposas que nos reclaman cosas parecidas. (Deberíamos ser más sensibles, detallistas, hacendosos, decididos y organizados; mejorar nuestro carácter, dar tiempo de calidad a la familia y no pensar en el sexo obstinadamente.)
¿Te suena conocido?
¿Has hecho todo lo posible por ganar más dinero y mejorar como persona, sólo para llegar a la conlusión de que nunca es suficiente?
Esta es la verdad:
Siempre es más confortable que nuestras esposas críen a los hijos, los alimenten, les hablen de religión , se ocupen de las tareas escolares y los lleven al doctor, mientras nosotros nos escondemos en el trabajo, argumentando que tebemos infinidad de problemas.
La automarginación afectiva no es muestra de hombría, sino de todo lo contrario.
Analiza los siguientes supuestos.
Sé sincero. No tienes que caer en todos, pero si alguno de ellos resulta afirmativo, indica que has perdido el liderazgo de tu hogar (o al menos parte de él).
Amigo, reacciona.
Si eres hombre de verdad, debes tomar la batuta, ponerte al timón y salir de tu concha.
Comienza apareciéndote más seguido por donde haces falta.
Pero cambia de humor.
Tu esposa y tus hijos no necesitan al verdugo sabelotodo sino al líder alegre, capaz de inspirarlos.
Tú conoces téorías sobre administración. Sabes que al guía se le respeta por sus hechos y entusiasmo, nunca por sus amenazas.
Lees el siguiente texto:
“¡Si tu esposa es alegre y realizada, te felicito!, seguramente la has impulsado a convertirse en lo que ella merece ser. Pero, en cambio, si está un poco amargada, quizá se deba a que te has dedicado a insultarla o la has dejado sola con todas las responsabilidades del hogar. ¿Te esfuerzas por mantener una imagen exitosa ante el mundo, pero has fallado como hombre al momento de cuidar a tu reina? ¿Crees que ella es fea? ¿Y no será que tú no la motivas a que se sienta hermos?¡Piensas que es sexualmente fría?¡Y no crees que tú deberías ser el verdadero galán capaz de seducirla y hacerla vibrar?¿temes perder tu liderazgo? Escucha. El líder real es amado y admirado, primero que nadie por su mujer.
Es tiempo de reconquistar.
En el barco de tu hogar, tú deberías ser el capitán. Así que vuelve al timón.
Aunque tu esposa tiene toda la habilidad para tomar decisones directivas y encauzar a los hijos, no estamos hablando de capacidades sino de responsabilidades.
En pocas palabras, ser el líder es tu trabajo.
Cuando tomes el lugar al frente, tu mujer se sentirá aliviada. Le quitarás una carga.
Atrévete a ser hombre: comienza independizandote de otros familiares.
No es correcto que vivas con tus suegros.
Está mal que permitas a tus padres, hermanos o cuñados entrometerse… (continúa).